Título del Capítulo: «Desinformación y discurso machista: verificar con perspectiva de género»
Autoría: Dafne Calvo
Cómo citar este Capítulo: Calvo, D. (2026): «Desinformación y discurso machista: verificar con perspectiva de género». En Candón-Mena, J.; Sola-Morales, S. (eds.), Guía de herramientas digitales para la igualdad de género. Salamanca: Comunicación Social Ediciones y Publicaciones.
ISBN: 978-84-10176-21-8
d.o.i.: https://doi.org/10.52495/c2.emcs.45.tam8
2. Desinformación y discurso machista: verificar con perspectiva de género
Dafne Calvo
Introducción
La desinformación se define como la creación y difusión de información falsa o engañosa con la intención deliberada de manipular. Esta finalidad intencional distingue a la desinformación de otros fenómenos similares, como la información errónea o la sátira, que, aunque también falsas, no buscan engañar.
En Internet, donde la comunicación ocurre en múltiples niveles en los mismos espacios, esta distinción resulta especialmente relevante. Por ello, además del concepto de información falsa, existen otros términos que pueden parecer desinformación, como el contenido propagandístico o el polarizado, en los que la información es más sesgada, emocional y manipuladora, como en los bulos. Estos matices muestran que la desinformación no puede entenderse aisladamente, sino en relación con otras formas de producción informativa que comparten técnicas y efectos similares (Tandoc et al., 2018). Por ello, en tiempos recientes se ha optado por abordar la desinformación mediante conceptos más generales, como el de los desórdenes informativos (Wardle; Derakhshan, 2017), que abarcan un espectro más amplio del panorama comunicativo actual.
Aunque el término se ha vuelto más popular en los últimos tiempos, la desinformación no es un fenómeno reciente. A lo largo de la historia ha sido una herramienta utilizada en conflictos sociales y políticos para manipular las opiniones de la ciudadanía. También los procesos electorales de la última década se han analizado considerando los bulos y la desinformación para explicar las decisiones del electorado, como en el caso del Brexit y el escándalo de Facebook-Cambridge Analytica, en el que la aplicación ‘This Is Your Digital Life’ recopilaba datos de los usuarios para crear perfiles psicológicos con fines propagandísticos, como reveló Christopher Wylie en entrevistas para The Guardian y The New York Times. Se estima que la aplicación pudo recopilar hasta 87 millones de perfiles en la red social de Meta (Badshah, 2018). Este caso es relevante porque ilustra la problemática actual que plantea la desinformación: con el avance y la penetración de las nuevas tecnologías, las estrategias de manipulación de la información se aplican a gran escala.
1. Estrategias de desinformación, fondo y forma
Internet ha creado un espacio sin precedentes para la comunicación, tanto interpersonal como masiva. Hay tres factores que explican cómo este espacio amplifica y refuerza las estrategias de desinformación (Calvo et al., 2024). En primer lugar, la descentralización de la información, que ha reducido la centralidad de los medios tradicionales a favor de una multiplicidad de actores capaces de producir y difundir mensajes, entre los cuales se encuentran sujetos que generan deliberadamente contenidos falsos. En segundo lugar, los monopolios en la estructura de Internet condicionan de manera decisiva la circulación de estos contenidos, pues dichas empresas gestionan los flujos de información que se generan en ellas. Finalmente, la fragmentación del consumo informativo ha dado lugar a usuarios más activos en la configuración de su dieta mediática, pero también más expuestos a sesgos de confirmación, lo que facilita la difusión de información por motivos de acuerdo ideológico y no por su veracidad.
El factor tecnológico no es, sin embargo, el único que entra en juego al explicar la desinformación. Estas estrategias funcionan mejor, como adelantábamos, en momentos de alta conflictividad política, en los que la necesidad de ganar un relato específico se convierte en una cuestión clave para los actores que sienten sus intereses en juego. Es aquí donde resulta relevante abordar la perspectiva de género.
En los últimos años, el movimiento feminista ha demostrado una amplia capacidad para situar sus demandas en un espacio central de la esfera pública. A lo largo del globo, feministas de todo el mundo se movilizaron y consiguieron amplios avances relacionados, entre otros, con la protección de los derechos reproductivos y con la lucha contra la violencia de género. Fenómenos como la marea verde en Latinoamérica han evidenciado el potencial transformador de este movimiento en los últimos tiempos (Calvo et al., 2025).
Esta irrupción fue interpretada por algunos sectores como una amenaza y, en consecuencia, se activaron campañas para deslegitimar al movimiento. Los marcos discursivos más recurrentes se centraron en presentarlo como agresivo, oportunista o incluso vinculado a ideologías ajenas como el islamismo radical (Villar-Aguilés; Pecourt García, 2021; Lacalle et al., 2023).
A la articulación de este discurso contribuyeron los bulos emitidos en momentos estratégicos para el movimiento. Por ejemplo, Chequeado1 tuvo que desmentir que el medio argentino La Nación publicase la siguiente información: «El polémico testimonio de 2 chicas feministas asegurando que una vez que el proyecto sea ley, buscarán el embarazo para poder hacer el primer aborto legal, seguro y gratuito». Estos contenidos, que buscan generar indignación, han tratado de desmovilizar al movimiento y profundizar la polarización de la población en torno a cuestiones que apelan directamente al género.
2. Verificación de información: proyectos y herramientas
Por ello, en el ámbito del periodismo, la verificación de la información ha tenido en cuenta la necesidad de generar ciudadanías más críticas respecto del consumo de información en Internet. En España, las iniciativas que avalan el código de conducta de la International Fact-Checking Network (IFCN) son EFE Verifica-Agencia EFE, Maldita.es, Verificat y Newtral. Muchas de ellas cuentan con alguna sección especializada en género, como en el caso de Maldito Feminismo.
Además, en la mayoría de las ocasiones complementan su actividad de verificación con otra educativa, en la que desarrollan planes de alfabetización en centros educativos. Ello permite comprender su trabajo como holístico y, de nuevo, enfocado en el desarrollo de una conciencia pública sobre los problemas sociales más que en el convencimiento de la población sobre la veracidad de determinadas ideas. Una población que, además, no siempre está dispuesta a dar credibilidad a estas soluciones periodísticas frente a la desinformación.
Esta reflexión sobre la cuestión educativa tiene gran interés para comprender una perspectiva ciudadana como parte integral de las soluciones frente a la desinformación. La necesidad de desarrollar una audiencia crítica con el sistema de medios, y activa en la construcción de formas más horizontales de comunicación, ha sido una cuestión clave en los proyectos del tercer sector de la comunicación. En el caso más específico de la comunicación, también es posible encontrar diversas iniciativas que han comprendido los bulos como estrategias que refuerzan el discurso del odio contra colectivos concretos. Diversos movimientos sociales e iniciativas ciudadanas han comprendido los efectos negativos que esta desinformación tiene sobre las minorías y los reclamos de justicia social.
Proyectos concretos en América Latina y España ilustran este enfoque. Organizaciones como Derechos Digitales, Desconfío, Fundación Karisma, Hateblockers y Movilizatorio han desarrollado estrategias para combatir la desinformación (Calvo; Cabrera Altieri, 2025). En el caso concreto de estas organizaciones, la dimensión comunicativa de la desinformación está fuertemente vinculada a la tecnológica, de modo que el conjunto de prácticas para combatirla es amplio y, a su vez, coherente con su experiencia e intereses concretos. Entre sus iniciativas encontramos, especialmente, el desarrollo de herramientas tecnológicas, el diseño de iniciativas educativas, la creación de campañas de concienciación y la participación en iniciativas orientadas a promover políticas públicas específicas. De modo general, su acción combina análisis crítico y práctica directa: existe en ellas una denuncia explícita del discurso del odio, un interés por fomentar la participación ciudadana en la lucha contra la desinformación y un uso tecnológico como herramienta de intervención, ya sea por el apoyo a redes alternativas o por la incidencia en aquellas empleadas de modo masivo en Internet.
Estos ejemplos muestran el enorme potencial de las visiones ciudadanas en la lucha contra la desinformación, pues son capaces tanto de integrar este problema comunicativo como de generar proyectos concretos complementarios a sus objetivos habituales. La misma Fundación Karisma, que mencionábamos unas líneas atrás, es una de las organizaciones que consideran la perspectiva de género en su defensa de los derechos digitales. Ha publicado materiales en los que señala la manipulación de la información como un tipo de violencia digital. La injuria, la difamación o las deepfakes atentan contra la participación de las mujeres en el espacio público y, por ello, proponen, junto con otros aspectos jurídicos, la formulación de estrategias comunicativas inclusivas y la creación de protocolos ante situaciones de acoso.
Amnistía Internacional también considera la desinformación una forma de violencia digital contra las mujeres y el colectivo LGTBIQ+. En 2018, lanzaron la campaña #ToxicTwitter, en la que entrevistaron a mujeres que habrían sufrido violencia en esta red social y pidieron a la empresa tecnológica que mejorara sus medidas de observación y denuncia. En el núcleo de estas propuestas se encuentra garantizar la participación de las mujeres en espacios públicos y que puedan usarlos para comunicar, movilizarse, acceder a la información y ganar visibilidad, sin ser atacadas mediante diversas estrategias, como las difamaciones basadas en información falsa.
Más allá del ámbito estructural digital, otros proyectos se han centrado en generar nuevos discursos. La Intersección es una de esas iniciativas que plantea una visión más propositiva para un cambio narrativo en los espacios digitales. Ha colaborado, entre otros proyectos, con Bróders, un foro diseñado como un espacio de acompañamiento para jóvenes, con el fin de que puedan desarrollar masculinidades no tóxicas, alejadas de insultos, bulos o contenidos polarizantes. Otros proyectos proponen la creación de narrativas por parte de las propias usuarias de redes sociales. #AtravesadasxLasPalabras es una iniciativa de Alianza por la Solidaridad, enmarcada en el proyecto «Escuela antirrumores». En ella, un grupo de mujeres racializadas se reunió para explicar las consecuencias de la desinformación en su día a día y, con ello, demandar una comunicación contextualizada y libre de lenguaje del odio.
Existe, claro, un conjunto de herramientas que facilitan la verificación de información y están disponibles en la mayoría de los espacios especializados en estas cuestiones (Fact-Check Explorer, TinEye o Wayback Machine), así como consejos útiles para evaluar la veracidad de una noticia (leer no solo el titular y revisar errores ortográficos, por ejemplo) difundidos por estas mismas iniciativas. Pero más allá de la actividad periodística hay una ciudadanía que plantea soluciones creativas al problema de la desinformación. Cabe no olvidar que estas acciones muestran un panorama comunicativo más plural y capaz de abordar la cuestión de la desinformación no solo como el envío de información falsa, sino también como estrategias más amplias de violencia machista. Su actividad facilita la comprensión de los conflictos que atraviesa el feminismo en la actualidad, así como su abordaje holístico desde la acción comunicativa.
3. Referencias
Badshah, N. (2018, abril 8). Facebook to contact the 87m users affected by data breach. The Guardian. https://www.theguardian.com/technology/2018/apr/08/facebook-to-contact-the-87-million-users-affected-by-data-breach
Calvo, D.; Cabrera Altieri, D.H. (2025). Más allá del fact-checking: pensar la desinformación desde una perspectiva ciudadana. En G. López García; E. Campos Domínguez (Eds.), La esfera pública postmediática y sus flujos de comunicación (pp. 171-194). Los Libros de la Catarata.
Lacalle, C.; Gómez-Morales, B.; Vicent-Ibáñez, M. (2023). Misogyny and the construction of toxic masculinity in the Spanish Manosphere (Burbuja. info). Profesional de la información, 32(2).
Tandoc, E.C.; Lim, Z.W.; Ling, R. (2018). Defining «Fake News»: A typology of scholarly definitions. Digital Journalism, 6(2), 137-153. https://doi.org/10.1080/21670811.2017.1360143
Wardle, C.; Derakhshan, H. (2017). Information disorder: Toward an interdisciplinary framework for research and policymaking (Vol. 27, pp. 1-107). Strasbourg: Council of Europe.
Figura 1. Iniciativas españolas que avalan el código IFCN.
Fuente: Elaboración propia