Título del Capítulo: «Femitags: los hashtags como caja de herramientas para el activismo feminista»
Autoría: Guiomar Rovira-Sancho
Cómo citar este Capítulo: Rovira-Sancho, G. (2026): «Femitags: los hashtags como caja de herramientas para el activismo feminista». En Candón-Mena, J.; Sola-Morales, S. (eds.), Guía de herramientas digitales para la igualdad de género. Salamanca: Comunicación Social Ediciones y Publicaciones.
ISBN: 978-84-10176-21-8
d.o.i.: https://doi.org/10.52495/c5.emcs.45.tam8
5. Femitags: los hashtags como caja de herramientas para el activismo feminista
Guiomar Rovira-Sancho
Introducción: ¿por qué hablar de «femitags»?
En el activismo feminista contemporáneo, los hashtags no son únicamente etiquetas técnicas para ordenar información en redes sociales. Son dispositivos políticos, discursivos y afectivos que permiten narrar la experiencia, convocar a la acción, construir comunidad y disputar el sentido común. A estos hashtags propios del feminismo los llamo femitags.
Los femitags funcionan como una «caja de herramientas» de las multitudes conectadas feministas: un repertorio flexible de recursos comunicativos que se activan, combinan, reapropian y resignifican según el contexto (Rovira-Sancho; Morales-i-Gras, 2023). No hablamos de simples palabras precedidas por una almohadilla, sino de instrumentos político-discursivos para la movilización, la producción de marcos de sentido, la indexación de agravios y la creación de comunidad feminista transnacional.
La apropiación del hashtag por parte de las multitudes conectadas feministas introduce una torsión política en unas redes digitales orientadas al negocio y propiedad de grandes corporaciones. Convertimos una tecnología de extracción de valor en una tecnología política, que subvierte los valores tecnopatriarcales del usuario individual por los de la comunidad de acción en red (Conley, 2017).
Esta guía propone caracterizar los femitags como herramientas prácticas para el activismo digital feminista y ofrecer orientaciones para su uso crítico, estratégico y situado.
También es importante tener en cuenta que los femitags no circulan en el vacío, sino dentro de plataformas digitales concretas, y que su uso y su eficacia dependen en gran medida de cómo funcionan estas redes. Durante años, Twitter (hoy X) fue el espacio privilegiado para la expansión de los hashtags feministas por su carácter público, conversacional y abierto. Sin embargo, en los últimos tiempos, y especialmente tras los cambios en su gestión y moderación, muchas activistas han migrado hacia plataformas como Instagram, TikTok o Telegram, donde el uso del hashtag adopta formas distintas: más visuales, más fragmentadas o más cerradas. Aun así, el femitag sigue cumpliendo funciones centrales de conexión, visibilización y archivo, aunque ahora se combine con otros formatos como el vídeo corto, las historias o los canales privados. Entender estas transformaciones es clave para usar los hashtags de forma situada, crítica y estratégica.
1. ¿Qué es un femitag?
Un femitag es un hashtag feminista que opera en muchos sentidos, tales como: una consigna política; un archivo de experiencias; una herramienta de denuncia; un dispositivo pedagógico; un marcador afectivo; y una infraestructura organizativa (véase la figura 1).
Los femitags condensan sentido, emoción y acción. Cumplen cuatro funciones centrales: condensación semántica, extensión de marcos de interpretación, indexación y archivo.
Son expresiones breves capaces de movilizar grandes volúmenes de sentido, emoción y acción colectiva. En pocas palabras, activan una densa red de significaciones políticas compartidas.
Un femitag no solo nombra una causa; produce comunidad, alinea sensibilidades y permite que la experiencia individual adquiera una dimensión colectiva. Los femitags cumplen una doble función: hacer visible lo invisible y crear lo que no existía (comunidad, archivo, lenguaje, sentido).
Desde esta perspectiva, el feminismo se convierte en un laboratorio de producción simbólica: inventa palabras, resignifica términos, convierte historias en memoria política y construye identidades colectivas que antes no tenían nombre.
Son una tecnología política porque:
El ejemplo paradigmático es el femitag #NiUnaMenos, que nace en Argentina en 2015 y se expande como grito global contra el feminicidio por todo el continente y el mundo, mostrando cómo un femitag puede pasar de lo local a lo transnacional (Rovira-Sancho; Morales-i-Gras, 2022), reorganizando políticamente la conversación pública e insertando una problemática global enmarcándola como problema estructural: la violencia feminicida.
#NiUnaMenos no solo convoca marchas; redefine el feminicidio como intolerable, convierte la violencia en dato político y hace visible una estructura de impunidad.
#MeToo es una campaña de acción directa digital y un hack del uso previsto de las plataformas corporativas que se extendió desde 2017 a 2022 a más de 90 países del mundo en distintas versiones y con diversas traducciones a otras lenguas.
El #MeToo transforma una red social en una enorme asamblea global donde las mujeres hablan en primera persona sin intermediarios.
Estos femitags ayudan a impulsar campañas de comunicación total y de amistad política entre mujeres que van más allá de un contexto concreto, que se replican y expanden en ecosistemas de comunicación híbridos donde operan los medios de comunicación convencionales, las redes sociales, pero también las pancartas, las pintadas en las calles, las canciones y todo tipo de figuraciones artivistas (de arte y activismo).
2. Los femitags como «caja de herramientas»: funciones prácticas
Pensar los femitags como una caja de herramientas implica reconocer que no todos sirven para lo mismo. Cada tipo de hashtag feminista cumple funciones diferentes según el momento del proceso político. A continuación, elaboramos una tipología operativa:
2.1. Femitags para convocar a la acción
Este tipo de etiquetas sirven para movilizar cuerpos, organizar fechas, visibilizar concentraciones. Por ejemplo: #8M, #HuelgaFeminista8M, #ParoInternacionalDeMujeres, #MarchaFeminista, #MareaVerde, entre otros. Su función fundamental es articular la presencia física a la presencia digital. El femitag convierte la comunicación en infraestructura organizativa para tomar las calles o las plazas y hacer algo colectivamente poniendo los cuerpos en copresencia.
El proceso de comunicación se convierte en la estructura organizativa de la movilización, enlazando calles y redes en espacios híbridos, en lo que podemos concebir como protestas onlife, es decir, a la vez on line y off line. A través de estos hashtags no solo se llama a la acción: se produce identidad colectiva, se construye emoción compartida y se amplifica la percepción de fuerza.
2.2. Femitags de agenda política y pedagogía feminista
Son hashtags que articulan demandas estructurales y debates feministas más allá de un caso concreto o un testimonio individual. Ejemplos como #AbortoLegalYa, #SeráLey, #IgualdadSalarial, #EconomíaDeLosCuidados, #NoEsNo o #SeVaACaer cumplen una función pedagógica fundamental: traducen reivindicaciones complejas en consignas comprensibles, introducen temas en la agenda pública y contribuyen a la alfabetización feminista. Estos femitags funcionan como microlemas políticos que enmarcan prioridades, disputan el sentido común y convierten la teoría feminista en lenguaje popular.
2.3. Femitags para contar y contarnos
Aquí encontramos el corazón afectivo y político del activismo digital feminista. Por Ejemplo: #MeToo, #MiPrimerAcoso, #Cuéntalo, #YoSíTeCreo, #NoEstásSola, entre otros. Su función clave es romper el silencio mediante una narración en primera persona de una experiencia personal. Esta práctica constituye lo que denomino la táctica feminista de «contar y contarnos»: contar la experiencia personal y contarnos como colectivo.
Cada relato es importa porque rompe el aislamiento, y construye conversaciones con la empatía suficiente como para decir #YoTeCreo y hacer crecer la comunidad.
Se trata de hacer visible lo estructural a partir de lo íntimo, y multiplicado por muchos casos concretos. Convertir la experiencia de tantas personas en un archivo político que nos permita entender y reconocer las violencias machistas. La politización ocurre cuando la agregación de los relatos y la exposición del daño individual revela un problema tan extendido que pasa a ser una dinámica estructural que se repite si no le ponemos remedio.
Estos femitags producen:
Además, permiten que las propias mujeres definan qué es violencia, sin depender de marcos judiciales restrictivos o lecturas paternalistas.
2.4. Femitags de denuncia e indexación
Sirven para nombrar casos concretos y preservar memoria política.
Ejemplos: #JusticiaPatriarcal, #NiUnaMás, #Ingrid-
Escamilla, así como los nombres propios de las víctimas convertidos en hashtags.
Su función es convertir el feminicidio o la agresión en dato político, no en nota roja. Se hackea el algoritmo del escándalo mediático y de la espectacularización de los cuerpos ultrajados de las mujeres del periodismo sensacionalista mediante tres estrategias: la resignificación visual, la memoria dignificada y la circulación de imágenes rehumanizadoras. En el caso de #IngridEscamilla, cuando las fotos de su feminicidio fueron publicadas en la prensa en 2020 en México, el femitag produjo un efecto radicalmente distinto: su nombre quedó asociado a una ola de duelo colectivo, creatividad política y solidaridad digital.
Este caso ejemplifica con claridad cómo un femitag puede:
En este sentido, #IngridEscamilla no fue únicamente un hashtag: fue una forma de justicia simbólica, una resistencia al olvido y una pedagogía feminista masiva sobre los límites éticos del periodismo y el derecho de las mujeres asesinadas a no ser exhibidas para lucrar con el morbo.
2.5. Femitags de paradoja y reflexividad
Ejemplos: #ViajoSola, #SiMeMatan, #MisSeñasParticulares, entre otros. Su función esmostrar la violencia normalizada mediante la ironía trágica.
Estos femitags revelan cómo la culpabilización de las víctimas, la impunidad estatal y la misoginia estructural se reproducen en el discurso mediático y cómo entonces las mujeres pueden interiorizar esta «normalidad» como anticipación de su propia desaparición.
En #SiMeMatan, cada mujer enuncia las razones por las que sería culpada incluso de su propio asesinato, evidenciando la lógica perversa del sistema patriarcal.
No son frases pesimistas: son denuncias radicales contra una sociedad que normaliza el asesinato de mujeres.
2.6. Femitags del afecto y amistad política
Ejemplos: #FuimosTodas, #MeCuidanMisAmigas, #YoTeCreo, #EstaEsNuestraManada, entre otros. Funcionan como sostén emocional, como pacto de solidaridad y conforman una comunidad afectiva.
La amistad política entre mujeres aparece como una forma de resistencia a la lógica individualista y competitiva del patriarcado: es un hack ante un sistema programado para que las mujeres compitan por la aceptación masculina. Y de repente las mujeres se cuidan y se aceptan entre sí. Donde el patriarcado impone rivalidad, el feminismo produce alianza.
3. Riesgos, límites y tensiones
Ninguna herramienta es neutra. Los femitags también enfrentan riesgos que han ido aumentando con los años y a medida que la fuerza de la acción feminista se ha desatado en las redes. Ha crecido sin duda la violencia de género digital en forma de:
Estas son las críticas habituales que hemos visto, por ejemplo, contra el #MeToo, al que se ha acusado de ser «caza de brujas», «pánico moral», «puritanismo», «linchamiento digital», «revictimización».
Sin duda, estas reacciones patriarcales deben leerse como formas de disciplinamiento social: castigos ejemplarizantes contra las mujeres que hablan, aquellas que se atreven a romper el silencio e irrumpir en la esfera pública digital.
En muchos casos, las mujeres que han denunciado violencia sexual acaban enfrentándose a procesos judiciales por difamación, mientras que los agresores permanecen impunes. Esta inversión de responsabilidades forma parte del backlash patriarcal ante el impacto político del feminismo digital en la última década.
5. Guía práctica: ¿cómo usar femitags estratégicamente?
A continuación, se presentan los pasos y estrategias para desarrollar femitags, como se puede ver en la figura 2.
6. Conclusión: transformar las palabras en puntos de encuentro
Los femitags han mostrado ser herramientas de gran valor para la extensión de los marcos de acción y de sentidos compartidos para las campañas feministas a nivel global. Estas pequeñas unidades semánticas tejen una nueva gramática de la indignación, el duelo, la rabia, la esperanza y la acción colectiva feminista.
A través de los femitags, la comunicación deja de ser solo transmisión de mensajes para convertirse en estructura organizativa. En las multitudes conectadas feministas, hablar, nombrar y compartir no es solo comunicar: es hacer política colectiva.
Los femitags permiten crear un «nosotras expansivo» (Gutiérrez, 2014) más allá de fronteras y pertenencias previas, articulando una constelación performativa de cuerpos, voces y afectos entre las redes y las calles. En esa práctica de contar y contarnos, el dolor deja de ser experiencia aislada y se transforma en conciencia colectiva y denuncia estructural.
En tiempos marcados por la restauración misógina y el backlash contra el feminismo, los femitags siguen siendo una herramienta para sostener la memoria, producir comunidad y disputar el sentido común.
7. Referencias
Ganzer, M. (2014). In bed with the trolls: misogyny and online harassment. Feminist Media Studies, 14(6), 1098-1100.
Figura 1. ¿Qué es un femitag? Fuente: Elaboración propia
Figura 2. Pasos y estrategias. Fuente: Elaboración propia.