Título del Capítulo: «Herta Herzog: Apuntes biográficos»
Autoría: Amparo Huertas-Bailén
Cómo citar este Capítulo: Huertas-Bailén, A. (2023): «Herta Herzog: Apuntes biográficos». En García-Jiménez, L.; Huertas-Bailén, A.; Vera-Balanza, T. (eds.), Herta Herzog y «La experinecia prestada». La fundación de los estudios de comunicación y audiencia. Salamanca: Comunicación Social Ediciones y Publicaciones.
ISBN: 978-84-17600-95-2
d.o.i.: https://doi.org/10.52495/c1.emcs.48.cyg2
Capítulo 1. Herta Herzog: Apuntes biográficos
Amparo Huertas-Bailén
Introducción
La familia de Herzog era judía y, aunque algunos autores indican que esto no influyó de forma significativa en su vida (Brunsdon, 2000), resulta difícil de creer que vivir en un contexto socio-cultural marcado por el antijudaísmo en Europa no le afectara de alguna manera. Recordemos que la palabra antisemitismo apareció por primera vez a finales del siglo XIX, en 1873, en un texto del político Wilhelm Marr (Dugast, 2003).
Si observamos las relaciones amistosas de Herta Herzog, resulta evidente que en la mayoría de casos se comparte la creencia religiosa y, además, es poco o nada probable que su decisión de emigrar a Estados Unidos no tuviera ninguna relación con este hecho. Eso sí, cuando más evidente se hace la preocupación de Herta Herzog por la persecución de la comunidad judía desde el nazismo, es en la fase final de su vida, en el periodo compartido con su segundo marido Paul Massing (1902-1979). Herzog no dejó de trabajar en ningún momento, pero, después de dedicarse de forma exclusiva al marketing, en sus últimos años se concentró en los problemas sociopolíticos. Sus dos últimos textos fueron sobre el antisemitismo, y uno de ellos permanece todavía inédito.
En un sentido totalmente opuesto, cabe tener también muy presente la efervescente vida cultural de la Viena (Austria) del momento. Desde finales del siglo XIX en esa ciudad se venía implantando un vasto programa de urbanismo y, a comienzos del siglo XX, su población alcanzaba cerca de los dos millones de habitantes. En Tafuri (1989), encontramos el dato exacto del censo de 1910: 2.031.498 personas.
Los monumentos ubicados a lo largo de la Ringstrasse desde 1860 a 1890 y la construcción, en el mismo lugar, de inmuebles con fachadas majestuosas que reunían la ornamentación arquitectónica más rica de los estilos del pasado formaban parte de una estrategia de revalorización de la cultura de los Habsburgo un poco ilusionista, pero esas iniciativas correspondían a la vez a una fase de desarrollo acelerado de la ciudad de Viena (Dugast, 2003: 29).
Aunque a principios del siglo XX la capital cultural estaba situada en París (Francia), una urbe que parecía tener una mirada más abierta a las nuevas tendencias artísticas, el carácter plurinacional del imperio Habsburgo atraía a Viena a poblaciones de tradiciones culturales diversas. Dugast (2003: 79-80) apunta, precisamente, que «la apertura a las comunidades judías de Europa central y de Rusia en los años 1880-1890 acentuó este aspecto cosmopolita de la ciudad».
Será un poco más tarde, en la década de 1920, cuando surge el denominado Círculo de Viena, un movimiento cultural y científico en el que hubo una importante presencia femenina, que parece que influyó en los entornos donde estuvo Herzog. Cuando Herta Herzog tenía ya cerca de 20 años, tras la Primera Guerra Mundial y confirmada la caída del imperio Habsburgo, vino la «Viena Roja» (Das rote Wien) y su preocupación por la vida de las clases obreras.
1. Infancia y adolescencia (1910-1927)
Herzog nació en agosto de 1910 en Viena (Austria). Su hermana llegó un año más tarde. Tenía sólo cuatro años cuando empezó la Primera Guerra Mundial, pero Herzog asegura que siempre recordó el primer día de ese conflicto bélico. En una carta escrita por Herzog en 1994 —y de la que más adelante (v. Epílogo) podrán encontrar su traducción— dirigida a Elisabeth M. Perse, quien estaba trabajando en ese momento sobre su biografía, ella explica que en su memoria siempre estuvo viva la imagen de sus progenitores. Herzog recuerda el sufrimiento de su padre, quien, a pesar de tener un fuerte sentimiento patriótico, no pudo participar en la guerra por problemas de salud. Y también tiene grabada la imagen de su madre preparando vendas y tejiendo jerséis para los soldados. Herzog evoca esos recuerdos cuando ya ha cumplido 84 años y no puede evitar añadir que lo que no podía entender, ya en aquel momento, era todo el dinero invertido y perdido en una guerra.
Cuando narra su infancia, Herta Herzog nos habla de la hambruna sufrida en Europa a causa de la Primera Guerra Mundial. Ella y su hermana pudieron sobrevivir gracias a la comida que llegaba a Austria desde Estados Unidos y que se distribuía en las escuelas públicas (Herzog, 1994). Precisamente, esa falta de alimentos parece ser que fue lo que provocó la muerte prematura de su madre. Según explica Herzog (1994), su madre contrajo una infección en los pulmones en un tren de regreso del frente y era tal su debilidad física que no pudo sobrevivir. Aquella infección derivó en tuberculosis y siete años más tarde murió. Para Herzog (1994), su madre fue una víctima de la guerra.
En sus años escolares, Herta Herzog ya destacaba en clase y ella tenía una explicación particular. Herzog reconocía su alto sentido de la responsabilidad y su ambición, pero atribuía este hecho al deseo de complacer a su madre enferma.
La relación de Herzog con su padre también era muy buena, aunque parece que más ligada a actividades placenteras. Durante la infancia de Herzog, su padre era un hombre ilusionado y joven. Además, justo estaba empezando su carrera profesional como abogado. Ambos disfrutaban con la música. Su padre, según nos explica Herzog (1994), era un buen pianista y, aunque la economía de la familia era ajustada, ella recibía clases particulares de un miembro de la Filarmónica de Viena y tocaba el violín.
De sus ocho años en la educación secundaria (especialidad Humanidades), Herta Herzog recuerda de una forma muy especial las clases de latín y griego. Según escribe ella misma en ese documento de 1994, disfrutaba aprendiendo estas materias, pues la profesora no sólo enseñaba esas lenguas, sino que también explicaba cómo era la vida de los romanos y los griegos a partir de la literatura. Herzog empezó a pensar que su futuro universitario seguiría ese camino, o quizá el de la arqueología, pero finalmente no fue así.
2. La experiencia como estudiante en la Universidad (1928-1932)
Con 18 años, en 1928, Herta Herzog entró a estudiar en la Universidad de Viena. Concretamente, en el Instituto de Psicología, creado por el matrimonio formado por Karl y Charlotte Bühler, que se habían incorporado a dicha universidad tan sólo cinco años antes, en 1923. Según explica la propia Herta Herzog (1994), quedó deslumbrada la primera vez que escuchó a Karl Bühler. Fue en ese momento cuando sintió que todo un mundo de conocimiento se abría paso ante ella. Fue el efecto de su primer contacto con la psicología y no se equivocó.
El trabajo de Karl y Charlotte Bühler es fundamental en la historia de esta disciplina. Además, Ash (1987) puntualiza que este instituto fue un espacio que ayudó a muchas mujeres en el inicio de sus trayectorias investigadoras, aunque quizás esto se debió a que el comportamiento infantil fue uno de los temas que más se abordó, especialmente por parte de Charlotte Bühler. Herta Herzog (1994) recuerda con precisión el equipo que encontró allí: Egon Brunswik, que trabajaba sobre la percepción; Else Frenkel, quien colaboraba con Charlotte Bühler en el estudio de la infancia; Kate Wolf, quien asistió a Karl Bühler en la elaboración de su teoría del lenguaje; y el matemático especializado en estadística Paul Lazarsfeld, quien ayudaba a todo el mundo a partir de sus conocimientos y se dedicaba al estudio de los problemas socio-psicológicos. Efectivamente, fue en el Instituto de Psicología de los Bühler donde Herzog conoció a quien sería más adelante su primer marido, Paul Lazarsfeld (1901-1976). Aunque este no fue el único matrimonio que se formó entre miembros del equipo, Egon Brunswik y Else Frenkel también se casaron y acabaron abandonando Austria huyendo del nazismo en 1938 (Fleck, 2021).
Herzog (1994) recuerda gratamente cómo disfrutaba de los encuentros que acontecían en el centro. Narra la rutina de cada miércoles por la tarde. Ese día se organizaban debates con prestigiosos científicos, a quienes podían explicar sus proyectos y con quienes podían compartir sus dudas, y la charla solía seguir en un restaurante cercano. A modo de ejemplo, Herzog recuerda conversar con el psicólogo Jean Piaget (1896-1980) o el zoólogo Konrad Lorenz (1903-1989).
Según nos explican Klaus y Seethaler (2016), fue Herzog quien decidió contar con Lazarsfeld como supervisor de su disertación, para la que había pensado trabajar acerca de la percepción de las voces radiofónicas. Ella estaba interesada en las cuestiones socio-
psicológicas, una de las líneas temáticas abordadas por Lazarsfeld, y la radio era una novedad, además de un fenómeno cuyo estudio resultaba muy excitante. Lazarsfeld, quien parece ser se mostró interesado desde el primer momento, le propuso replicar una investigación que se había realizado previamente en Inglaterra y Herzog aceptó.
En 1931, justo cuando estaba preparando su disertación, Herzog contrajo poliomielitis. Según explica ella misma en 1994, fue el primer caso registrado en Austria por lo que no había disponible ningún tratamiento. Al ir perdiendo poco a poco la movilidad del brazo derecho, Herzog tuvo que esforzarse por aprender a escribir con la mano izquierda. Eso no afectó a su trabajo, pero sí supuso abandonar el violín (Klaus; Seethaler, 2016).
Finalmente, la disertación de Herzog, realizada en 1932 y publicada un año más tarde con el título Voz y Personalidad (Stimme und Persönlichkeit), fue un éxito. Aunque contó con la supervisión de Lazarsfeld, Herzog (1994) destaca sobre todo la influencia de la teoría del lenguaje de Karl Bühler. El trabajo empírico de Herzog demostraba que la influencia de las voces radiofónicas en la audiencia dependía de su sonoridad. A partir de la teoría del lenguaje, Herzog examinó qué características y rasgos físicos atribuían los oyentes a los locutores de radio: «La expresión en sí misma carece de sentido; sólo adquiere sentido cuando hay alguien que la expresa» (Herzog, 1933: 302).
Aquel estudio fue el primer experimento de masas en Austria. Invitamos a los oyentes a rellenar un cuestionario y añadir todas las observaciones que quisieran con relación a seis locutores de diferente sexo, edad, constitución física y profesión que, durante varios días seguidos a lo largo de una semana, leyeron el mismo texto. Los cuestionarios fueron distribuidos en las populares expendedurías de tabaco a lo largo y ancho de la ciudad. Participaron 2.700 oyentes (Herzog, 1994: 3-4).
Pero no parece que Lazarsfeld y Herzog recuerden esta experiencia compartida, como autora y como tutor, de la misma manera. Sus versiones no son del todo coincidentes. Nos resulta muy llamativo leer cómo Lazarsfeld explica su visión en una nota a pie de página en un texto de 1968 que hemos podido releer a partir de una traducción en castellano disponible en la revista REIS: «El diseño de la muestra y el cuestionario eran muy naífs, pero en los años siguientes nuestro estudio fue citado como el primero de su clase en Europa. No me sorprendería que hubiese sido anterior en fecha a los estudios semejantes en los Estados Unidos» (Lazarsfeld, 2001: 265). Es decir, Lazarsferd, aunque no parece olvidar que habla de un proyecto compartido, ello no le impide cuestionar el rigor del cuestionario, olvidando al mismo tiempo que el trabajo era una réplica sugerida por él. En cambio, en 1994, Herzog confiesa que, para ella, Lazarsfeld no sólo fue un brillante científico sino también un gran profesor.
Según recogen Klaus y Seethaler (2016), en esos años, Lazarsfeld introdujo a Herta Herzog en el ambiente de la «Viena Roja» (Das rote Wien), que él conocía muy bien por la implicación de quien era entonces su mujer, Marie Jahoda (1907-2001) (Fleck, 2021). La «Viena Roja» fue un movimiento que prosperó después de la Primera Guerra Mundial, cuando la ciudad llegó a ser gobernada por una mayoría socialdemócrata y el censo de la ciudad había iniciado ya una tendencia descendente, como consecuencia no sólo del enfrentamiento bélico sino también de las fuertes subidas de la inflación que obligaron a parte de la población a marchar de la ciudad. Tafuri (1989), quien ubica temporalmente la «Viena Roja» entre 1919 y 1933 —coincidiendo con el mandato del «Ayuntamiento rojo»—, indica que el censo de la ciudad había bajado a 1.841.326 personas en 1920, unas 200.000 personas menos que diez años antes.
El objetivo de la «Viena Roja» era asegurar la calidad de vida de las clases obreras y sus proyectos se centraban en la vivienda pública, el sistema sanitario y la educación. Pero, al mismo tiempo, también defendían garantizar que las clases trabajadoras pudieran estar al día de las tendencias en música, literatura, arte y ciencia. Así describía la ciudad Tafuri (1989: 25): «La nueva Viena (…) es más bien una especie de gigantesca exposición de la nueva ética proletaria concentrada en las viviendas obreras».
El proyecto del arquitecto racionalista austriaco Karl Ehn —el Karl-Marx-Hof— es uno de los más emblemáticos. Éste comprendía 1.000 viviendas para unas 5.000 personas, pero «la omnipotencia de este programa apenas dejaba espacio a los propios programas de los habitantes. Los hijos de los trabajadores del Karl-Marx-Hof no jugaban al fútbol en el patio sino fuera de este espacio panóptico» (Pirhofer, 1994: 320).
Desde el presente, algunos autores tienden a mitificar este movimiento. Por ejemplo, Seta (1994) indica que, aunque la «Viena Roja» acabó sufriendo la violencia del fascismo, dejó un legado que garantizó su influencia en la actualidad. Pero, si pensamos en cómo la ciudadanía tuvo que haber vivido ese periodo, seguramente la mirada de Tafuri (1989) es más acertada. Este autor califica este movimiento como algo excepcional por las innovaciones que planteaba pero, al mismo tiempo, no obvia que fuera un movimiento conflictivo, en el que se discutían técnicas, ideologías y formas. Tafuri (1989) habla abiertamente de que, bajo la preocupación por mejorar los servicios sociales, se daba un cruce conflictivo entre los flujos propagandísticos y pedagógicos.
Y estas discusiones también llegaron al Instituto de Psicología. La «Viena Roja» apostaba por una escuela secularizada, por una psicología que pusiera a la infancia en el centro, y, además, situaba al pedagogo a la altura de la formación universitaria. Todo ello acabó determinando los estudios y las perspectivas adoptadas por el matrimonio Bühler (Ash, 1987).
3. Primeras experiencias como investigadora en Europa (1931-1935)
Las diferencias que surgen al contrastar los recuerdos de ella y de él no parece que fueran un obstáculo para que Herzog formara parte del equipo del centro de investigación creado por Lazarsfeld en 1931 y del que también fue director hasta 1933. Nos referimos al Centro de Investigación en Psicología Económica (Perse, 1996). La experiencia de Herzog en ese centro comienza el mismo año de su creación y llega hasta 1935.
Lazarsfeld llevaba cerca de cinco años interesado en tener un espacio propio dentro del Instituto de Psicología de Karl y Charlotte Bühler y esa idea acabó teniendo la forma de este centro de investigación, con carácter independiente. El centro se dedicó a la aplicación de la psicología en los problemas económicos y sociales, y Karl Bühler fue su presidente (Lazarsfeld, 2001).
Para Herzog esta fue una etapa de aprendizaje, pues, tal como señala Fleck (2021), no llegó a participar en proyectos clave. Herta Herzog (1994) lo recuerda como un espacio en el que el alumnado pudo aprender mucho de y con Lazarsfeld, al poder conocer de primera mano el desarrollo de un centro recién creado. Herzog quedó fascinada cuando descubrió que había una manera de conocer qué lleva a las personas a hacer o a comportarse de una determinada manera, realizando entrevistas a ciudadanos de a pie. «Creo que, de forma más general, aquéllos fueron los inicios de un determinado enfoque de investigación cualitativa, una técnica que he seguido utilizando y ampliando después, tanto en entrevistas personales como en grupos de discusión» (Herzog, 1994: 4).
Una de las obras más conocidas de este centro dedicado a la Psicología Económica es Die Arbeitslosen de Marienthal (Los parados en Marienthal ), publicada por primera vez en 1933. Una desafortunada fecha, pues justo coincidió con el inicio de la campaña antijudía nazi en Leipzig, lo que provocó que tuviera que eliminarse el nombre de sus creadores, Marie Jahoda, Paul Lazarsfeld y Hans Zeisel. Para garantizar que el trabajo fuera publicado, optaron por hacer constar únicamente el nombre del centro como entidad responsable.
Los parados de Marienthal ha sido realmente un texto muy importante. No hay que olvidar que ha llegado a formar parte de la bibliografía de los estudios de sociología y su uso ha sido muy común como herramienta para estimular la mirada investigadora. La obra trata acerca de cómo afecta el estar desempleado en la salud mental y Marie Jahoda, quien es considerada pionera de este ámbito de estudio, era la principal autora. La clausura en febrero de 1930 de una importante fábrica textil en Marienthal, en la Baja Austria, fue el desencadenante de la idea. Por suerte, el libro no fue quemado por los nazis e, incluso, se puede consultar una edición en inglés: Jahoda, Lazarsfeld y Zeisel (2002). Además, la necesidad de buscar vínculos para garantizar su difusión hizo que el equipo vienés entrara en contacto con el equipo de Max Horkheimer, es decir, con el Instituto para la Investigación Social (Escuela de Fráncfort); aunque parece ser que la relación entre Jahoda y Horkheimer no llegó a cuajar. Según Flick, Kardoff y Steinke (2004), después de realizar varios proyectos de forma colaborativa, a los miembros de la Escuela de Fráncfort no les acabó de convencer el peso de la psicología (más concretamente, del psicoanálisis de Freud) en su análisis sobre el autoritarismo y la formación de la actitud antisemita. A pesar ello, años más tarde, en 1950, vería la luz la obra La personalidad autoritaria, que incluye test psicológicos de personalidad y que, aunque suele atribuirse a Theodor Adorno, miembro de la Escuela de Fráncfort, su principal autora fue Else Frenkel-Brunswik. El concepto de «personalidad autoritaria» les llevó a haber de combinar la psicología con la política.
Gracias al documento de Lazarsfeld (2001) que se puede consultar en REIS, también podemos conocer su recuerdo de su participación en Los parados de Marienthal y, de nuevo, nos encontramos con discrepancias. Lazarsfeld se presenta como líder de la propuesta y sitúa a Marie Jahoda en segundo lugar como colaboradora. Además, destaca que este fue el trabajo que le abrió las puertas para obtener la beca que le permitió consolidar su carrera en Estados Unidos: «La investigación de Marienthal despertó el interés del representante en París de la Fundación Rockefeller, y en 1932 obtuve una beca de viaje a los Estados Unidos, adonde llegué en septiembre de 1933» (Lazarsfeld, 2001: 240). Herzog corrobora esta última idea. En una carta donde se recogen sus revisiones al borrador de Elisabeth Perse, Herzog (1995) escribe que representantes de la Fundación Rockefeller se encontraban justamente en ese momento en París buscando a investigadores a los que becar y, efectivamente, Marienthal (parece que esta era la forma coloquial de referirse al estudio) les había dejado muy impresionados.
4. Herta Herzog, en Estados Unidos (1935-1942)
Lazarsfeld habla de Los parados de Marienthal como la llave que le abre las puertas de Estados Unidos y allá marcha en 1933. Dos años más tarde, en 1935, Herzog realiza ese mismo viaje y Estados Unidos acaba convirtiéndose en el país donde acaba residiendo la mayor parte de su vida. Lazarsfeld y Herzog se casaron en 1936 y, nueve años más tarde, se divorciaron. El matrimonio anterior de Lazarsfeld, con Marie Jahoda, había durado seis años. Con Jahoda tuvo una hija, Lotta, quien a partir de 1937 pasó una larga temporada con Lazarsfeld y Herzog en Estados Unidos, buscando refugio del nazismo en Europa. Jahoda, quien también trasladó su residencia a aquel país por un tiempo, se pudo reencontrar con su hija en 1945. Pero no llegó a sentirse cómoda y, en 1957, retornó a Europa, concretamente a Inglaterra (Fleck, 2021).
Puede ser que la manera en que Herta Herzog explicó este viaje favoreciera una narrativa próxima al amor romántico. Ella misma dijo que marchó a Estados Unidos para reunirse con él y formar un matrimonio. Pero hay que leer el escrito de Herzog (1994) al completo. Inmediatamente después, Herzog expresa la ilusión que le hizo encontrar trabajo como asistente de Robert Lynd, quien jugó un papel esencial en la trayectoria profesional tanto de Lazarsfeld como de Herzog en aquel país. Es decir, Estados Unidos, para Herzog, también fue el lugar donde pudo desarrollar una larga, estimulante y fructífera trayectoria profesional.
Pero no podemos dejar de lado que esta no es una aventura particular. Fueron muchos los judíos que emigraron a Estados Unidos a causa de su persecución en Europa y, quizá, ese toque romántico y familiar para abordar esas difíciles experiencias migratorias era una manera de silenciar las consecuencias del Holocausto en Europa. Recordemos que la Alemania nazi incorporó la República Austriaca en marzo de 1938, con un ataque al que Hitler se refería con el eufemismo «Anschluss» (conexión). Y, como apunta Herzog (1994), Lazarsfeld dejó Viena porque, por su creencia religiosa, allí no tenía ninguna posibilidad de obtener plaza en ninguna universidad.
Durante sus primeros años en Estados Unidos, Herta Herzog se dedicó a la investigación cualitativa de la audiencia radiofónica. Como ya hemos dicho, trabajó primero como ayudante de investigación junto a Robert Lynd. Herzog (1994) asocia ese período con una buena experiencia, pues Lynd trabajaba sobre la salud mental en los suburbios de Nueva Jersey y eso no sólo le ayudó a adentrarse en la vida del país sino también a familiarizarse con un idioma que ella no dominaba.
A los dos años de su llegada, en 1937, pasó a trabajar en el Office of Radio Research (ORR), fundado ese mismo año. El punto de partida de este proyecto fue la propia invitación que la Universidad de Princeton había extendido a Lazarsfeld acompañada del apoyo económico de la Fundación Rockefeller que le llevó a Estados Unidos, pero la iniciativa no se llegó a consolidar hasta este año. Lazarsfeld no consiguió reunir todos sus intereses en un único espacio hasta 1937 (Lazarsfeld, 2001). Según Fleck (2011), la ORR fue un proyecto muy innovador. Sus propuestas eran muy interesantes. Por un lado, reunía a personas de Estados Unidos y de Europa y, por otro, desarrollaba investigaciones de carácter aplicado que requerían del diseño de innovadoras metodologías específicas. Estudiar la radio, un medio de reciente creación, generaba nuevos retos.
Junto a Lazarsfeld, y según recuerda Herta Herzog (1994), estaban Hadley Cantril, de Princeton, y Frank Stanton, director de investigación en la CBS. Este era el núcleo importante. Del resto de colaboradores, Herzog menciona a Sam Stoufer, a quien define como un buen amigo. Pero, según Fleck (2021), en el equipo había una elevada presencia femenina: hasta 34 mujeres llegaron a implicarse en proyectos de investigación en el ORR. Entre otras muchas, destacan autoras como Alice S. Rossi (1922-2009), pionera feminista y socióloga; Hazel Gaudet (1908-1975), coautora de The invasion from Mars y The people’s choice; Thelma Anderson (1921-2012), responsable de la realización de entrevistas y cuya contribución fue decisiva en obras como Personal influence o Voting (García-Jiménez, 2021); o Marjorie Fiske (1914-1992), coautora de Mass persuasión y de The focused interview.
Según Lazarsfeld (2001), entre Herzog y Cantril se dio cierto enfrentamiento. Y una de las disputas surgió en torno a una de las publicaciones más importantes en la historia de la radio, el estudio del impacto en la audiencia de la escucha de La Guerra de los Mundos, emitida un domingo de 1938 —el 30 de octubre, coincidiendo con Hallowen— a través de la CBS Radio en Nueva York. El guion, de Orson Welles, simulaba la interrupción de un programa musical con motivo de una noticia de última hora, que era ni más ni menos que la invasión de la tierra por parte de marcianos. Aunque al inicio del programa se avisó de que se trataba de una ficción, esto fue insuficiente. Si no se había escuchado esa entrada, la historia difícilmente podía identificarse como irreal. La situación se narraba con tanta verosimilitud, con «conexiones en directo» al «lugar de los hechos», que algunas personas creyeron que el ataque era real. Los resultados apuntaron que un 28% de la audiencia entró en pánico.
Lazarsfeld (2001) acusa abiertamente a Herzog de apropiarse de una idea planteada por Cantril, la de incluir en los trabajos empíricos entrevistas abiertas a oyentes que fueran seguidores fieles de programas radiofónicos clásicos. Cuando Lazarsfeld (2001: 273) escribe lo siguiente: «Ella más tarde hizo un estudio similar de los oyentes de radionovelas diarias, en colaboración con T.W. Adorno, que apareció en la revista del grupo de Horkheimer que en esa época se publicaba en los Estados Unidos», no podemos evitar intuir cierto enfado a partir de sus palabras. Justamente el texto al que se refiere es On Borrowed Experience, publicado por Herzog en 1941, que recogemos en este libro traducido al castellano. Pero el malestar de él sigue siendo evidente en otros fragmentos de esta traducción de ese texto de 1968: «aunque en su momento la doctora Herzog esperaba recibir una cuota mayor de éxito a partir de su trabajo imaginativo en ese estudio, no hay la menor duda de que el tipo de entrevista utilizado en este estudio se debió a la iniciativa de Cantril» (Lazarsfeld, 2001: 273)
Como resultado, tenemos que, en las diversas publicaciones del estudio de La Guerra de los Mundos, The invasión from Mars: A study in the psychology of Panic (1940), no siempre aparezca el nombre de Herzog como autora, con lo que ello supone en cuanto a la permanencia de su invisibilidad al favorecer la reproducción una y otra vez de una referencia errónea de manera consciente o no. Según recoge Fleck (2021), Cantril se negó abiertamente a introducir el nombre de Herzog como autora y defendió que apareciera en calidad de asistente, ocultando así su elevada implicación en el estudio y despreciando que ella firmara uno de los capítulos. Es más, Hazel Gaudet acompañó a Herzog en esta desventura, ella también fue presentada como asistente. De este modo, la obra fue atribuida de forma exclusiva a Cantril en la mayoría de ediciones y si consultamos referencias en textos recientes, todavía puede encontrarse así. Un ejemplo: Ruddock (2001).
Según Lazarsfeld (2001: 277), la situación del ORR no era demasiado buena en otoño de 1938:
el proyecto se encontraba en una posición particular. Por un lado, mi política de ‘todos los huevos en la misma cesta’ dio como resultado la colección de un gran número de materiales y un ambiente de trabajo entusiasta dentro de un equipo directivo pequeño pero prometedor. De otra parte, la ‘imagen’ del Centro no era buena. Ningún tema central era visible, y empezamos a escuchar rumores de que gente importante se preguntaba si nosotros sabíamos a dónde íbamos.
Y la situación fue empeorando, hasta peligrar la ayuda de la Rockefeller en 1939, según sigue explicando Lazarsfeld. Finalmente, la relación entre Lazarsfeld y Cantril se rompió, quizá como consecuencia de un clima laboral cada vez más enrarecido.
El ORR acabó trasladándose en 1940 a la Universidad de Columbia, donde pasó a llamarse el Bureau of Applied Social Research (Bureau). «Nos colocaron en un edificio abandonado, donde antes había estado la Facultad de Medicina, en la calle 52 y la avenida Ámsterdam —una vecindad entonces conocida como ‘la cocina del infierno’» (Lazarsfeld, 2001: 289-290).
Entre 1942 y 1971, Robert Merton pasó a ser el director del Bureau. Herzog explica que en ese momento ella todavía seguía allí e, incluso, se atreve a hacer un recuento de las personas que colaboraron en Radio and the printed page, Radio Research 1940 y Radio Research 1942-43 que, en total, sumaban unas 30. Pero Herzog (1994: 11) dice: «Yo nunca trabajé con nadie en el sentido de compartir un mismo proyecto, pero todos intercambiábamos información relacionada con la especialidad de cada cual». En su esfuerzo por recordar los miembros de aquel equipo, Herzog menciona a Hazel Gaudet, a quien dedica buenas palabras: competente y de confianza —y con quien había compartido la experiencia de ser borrada como autora del estudio sobre La Guerra de los Mundos—. También recuerda a Ed Suchman, por su capacidad para organizar; a Rose Kohn, una joven y competente secretaria, y a Charlie Glock, miembro de alto nivel. Y, por último, ofrece una lista de mujeres con las que mantuvo contacto, Rena Bartos, Helen Kaufmann, Ilse Zeisel y Hedy Ullmann.
Aunque Klaus y Seethaler (2016) apuntan que Herzog fue una figura esencial tanto en el ORR como en el Bureau e, incluso, llegan a señalar que fue nombrada directora asociada en 1939 en el ORR, no hemos obtenido información suficiente como para dar un dato más preciso. Esto es lo que dejó Lazarsfeld escrito sobre las responsabilidades y logros de Herzog: «Era miembro del equipo directivo desde los primeros años» (2001: 273). De hecho, Herzog, que no se considera una buena coordinadora de equipos, se interesa más por explicar sus estudios cualitativos y exponer los temas que le interesaron que por detallar sus cargos. Por ejemplo, en el texto que escribió con 84 años (Herzog, 1994), ella prefiere recordar experiencias como el estudio sobre las tendencias en el consumo de ropa de tejidos sintéticos para Dupont de Nemours & Co o cierto trabajo para agencias gubernamentales sobre This is War. Quizá aquí le falle la memoria y Herta Herzog se refiera a un estudio sobre el efecto de la serie de documentales Why we fight, dirigida por Frank Capra. En total, fueron siete documentales realizados entre 1942 y 1945 con la finalidad de convencer a la población de Estados Unidos de por qué era necesaria la implicación del país en una guerra que estaba sucediendo en Europa. En esta investigación se empleó un mecanismo diseñado por Lazarsfeld, de cuyo uso en exclusividad —a través del pago de un canon— se hizo la agencia de publicidad McCann-Erikson, donde acabaría trabajando Herta Herzog (Mónaco; Saá, 2022).
No cabe duda del importante volumen de publicaciones del ORR entre 1937 y 1944, pero el trabajo de Herta Herzog no tuvo la difusión que se merecía. Según el recuento de Fleck (2011), Lazarsfeld participó en 55 publicaciones y Herta Herzog, aunque es la segunda autora en volumen de publicaciones, sólo realizó 19 artículos, de los que, además, 13 quedaron sin publicar. Es más, resulta sorprendente comprobar que en la lista de publicaciones que la propia Herzog realiza en 1994 a petición de Elisabeth Perse, sólo incluya siete de este período.
5. Salto al ámbito profesional: la trayectoria en McCann Erickson (1943-1970)
En 1943, tres años después de la publicación del estudio sobre La Guerra de los Mundos, Herzog decidió hacer un cambio radical. Abandonó el Bureau y entró a McCann Erickson Inc., una agencia de publicidad internacional. Según explica Herta Herzog (1994), Marion Harper, uno de los directivos de la compañía que más tarde llegaría a ser presidente de la misma, la invitó a trabajar en el área de investigación cualitativa de la radio.
Herzog vivió como un reto salir de la «Torre de Marfil» en la que estaba para pasar a desarrollar su conocimiento en el ámbito profesional. Ahora podría trabajar en solitario, se dijo a sí misma (Herzog, 1994). Para ella, asumir nuevas responsabilidades era apasionante y eso siempre le generaba nuevas ideas. Además, es indudable que durante este periodo sus ingresos económicos fueron mucho más elevados (Fleck, 2021).
Durante cerca de 30 años Herzog se dedicó al estudio del marketing y a la investigación motivacional. Gracias a la compra de los derechos de explotación comercial de herramientas metodológicas creadas por Lazarsfeld-Stanton, Herzog pudo utilizarlas en sus análisis. Herzog trabajó con múltiples dispositivos, como las cámaras que registraban los efectos de la recepción en la pupila (medición de la dilatación), pero también introdujo la autoadministración de tests para entender las conductas relacionadas con el consumo.
Por ejemplo, así se refiere a una experiencia:
Era un dispositivo que registraba de forma continuada las reacciones de aprobación o rechazo de los oyentes al escuchar contenido comunicativo grabado, y que se utilizaba en combinación con cuestionarios y entrevistas dentro de un grupo de discusión (Herzog, 1994: 7).
Lo aprendido con los Bühler había generado en Herzog una base de conocimiento muy sólida. Como la propia Herzog reconoce, eso fue lo que le permitió crear nuevas técnicas de recogida de información. Para Herta Herzog (1994), parece que su experiencia en McCann no fue otra cosa que poder poner en la práctica el concepto de «entorno psicológico», aprendido con Karl Bühler. La investigación motivacional acabó definiendo su línea de trabajo (Fleck, 2021).
Herta Herzog, que empezó ocupándose de la investigación cualitativa, fue ascendiendo y en poco tiempo pasó a ser la directora del departamento de investigación de la agencia, ya bajo la presidencia de Marion Harper. Ubicada en un lugar exclusivo de Nueva York, McCann Erickson era ya en ese momento una de las agencias más importantes. Además, Herzog despertó un gran interés en la prensa, pues los medios de comunicación estaban interesados en publicar textos sobre las nuevas tendencias publicitarias (Fleck, 2021).
Más tarde, la compañía creó Marplan. Se pensó que un espacio independiente dedicado a la investigación del marketing y las relaciones públicas era la mejor opción y Herzog fue nombrada directora. Sus responsabilidades aumentaron y, a partir de entonces, también pasó a ocuparse de la organización del departamento y de la formación del personal de McCann, dentro y fuera de Estados Unidos.
La última etapa profesional de Herzog se desarrolla en un think-tank, en el Jack Tinker y asociados, la primera iniciativa de este tipo en el sector. Ubicado en un edificio exclusivo de Nueva York, tenía como objetivo desarrollar soluciones creativas y muy personalizadas para grandes clientes. En un inicio tan sólo eran cuatro socios y un asistente. Herzog era la responsable de investigación y, de entre sus recuerdos, destaca el contrato de Alka Seltzer. Para Herzog (1994), esta fue una etapa muy gratificante, pues consiguió aplicar todo el conocimiento adquirido en torno a la investigación, el marketing y la implementación de estrategias creativas. En palabras de Klaus y Seethaler (2016), Herzog modificó la manera de enfocar la investigación. En lugar de preguntarse «¿quién compra qué?» pasó a plantearse «¿por qué la gente compra lo que compra?» Herzog lo que buscaba era entender el comportamiento del consumidor.
6. El final de la carrera (1970-2010)
Herzog se retiró con 60 años, en 1970. Como motivo señaló que quería pasar más tiempo con su segundo marido, Paul W. Massing, afectado de Parkinson. Se habían casado en 1954. Él era emigrante alemán y profesor de sociología política en Rutgers University. Se conocieron en el círculo de alemanes en Nueva York, donde Massing trabajaba bajo la supervisión de Horkheimer para el American Jewish Committee, un proyecto de investigación sobre el antisemitismo (Fleck, 2021). Massing había finalizado sus estudios en la Universidad de Fráncfort en 1928 y vivió la experiencia de ser arrestado en un campo de concentración en 1933 pero, a pesar de todo, siguió colaborando con los soviéticos.
Ahora bien, la decisión de dedicarse al cuidado de su marido no debe entenderse como una reclusión en la vida familiar. Herzog y Massing decidieron dedicar sus últimos años a viajar y conocer mejor a los parientes que habían dejado en Europa. Vendieron la casa que tenían en Nueva York, en la que habían pasado muchos fines de semana solos o en compañía con amistades, y recorrieron Austria y Alemania (Herzog, 1995).
Paul Massing murió en 1979. Tras su fallecimiento, Herzog asumió el compromiso de finalizar el libro que él había comenzado sobre la historia de su pueblo (Grumbach, Pfalz), pero tuvo que abandonar la idea. Según ella misma explica, el escrito todavía estaba en una fase demasiado inicial como para plantearse acabarlo. Además, Herta Herzog (1994) sintió que lo que debía hacer era dedicar esos últimos años a la universidad, a aportar todo el conocimiento adquirido. Y así lo hizo.
Herzog dio varias charlas en la universidad de Tübingen (Grumbach, Pfalz) y en la de Viena. Llegó a liderar varios proyectos de investigación, centrados en las temáticas que le interesaban a ella en ese momento. El primero fue un trabajo cualitativo sobre la recepción de las series de televisión más famosas de aquel momento, Dallas y Denver Clan. Herzog quería conocer cómo vivía esta experiencia el público alemán, interesada en adentrarse en el desarrollo de la comunicación global. Y, según explica la misma Herzog (1994: 9), su trabajo sobre Dallas fue anterior al de Elihu Katz y Tamar Lieves. Y, por fechas, pareció coincidir con el de Ien Ang.
En el Instituto de Comunicación de Viena, Herzog analizó cómo se gestaba la hostilidad ante el extranjero en Austria, lo que le llevó finalmente a adentrarse en el antisemitismo. En general, estos fueron proyectos esponsorizados, en los que Herzog contaba con un grupo de encuestadores a los que entrenaba, pero era ella misma quien redactaba los informes finales. Fue una etapa en la que ella confiesa haber disfrutado, pues podía compaginar este trabajo con el disfrute de las bellas montañas del Tirol. Hasta su muerte, el 25 de febrero de 2010, vivió en Leutasch, junto a su hermana y familiares.
7. A modo de cierre e intentando averiguar qué le hubiera gustado a Herta Herzog que dijéramos de ella
Escribir sobre alguien a quien no has conocido personalmente y con quien no tienes la posibilidad de conversar es realmente difícil. Siempre queda la duda de qué habría dicho ella de lo escrito. Por suerte, contamos con las dos cartas que Herta Herzog intercambió con Elisabeth Perse, profesora de la Universidad de Delaware (Newark, Estados Unidos), quien le solicitó información para escribir su biografía. Este material nos ha sido de gran ayuda, además de la consulta de la publicación final de Perse (1996). La primera es una larga carta, firmada con fecha 12 de septiembre de 1994 y que recogemos aquí por primera vez en castellano (v. Epílogo). La segunda, firmada el 25 de abril de 1995, es más breve, pues son las correcciones que Herzog propone una vez leído el primer borrador que Perse le hizo llegar. Son los únicos documentos que se disponen de Herta Herzog en los que ella habla de sí misma (Fleck, 2021).
Herta Herzog siempre demostró no estar muy interesada en sí misma y, al menos en parte, eso puede explicar que no dejara textos autobiográficos. A Herta Herzog le gustaba sobre todo conversar con los otros, especialmente con «personas brillantes», como ella decía. Lo entendemos así porque, de entre sus recuerdos, ella acostumbra a hacer énfasis en los buenos momentos vividos en reuniones de todo tipo, tanto en los debates con compañeros del entorno académico y profesional como con sus amistades en las reuniones que organizaba los fines de semana en su casa, especialmente en la que compartió con Massing en Nueva York.
Quedó deslumbrada la primera vez que escuchó hablar de psicología a Karl Brühler y, en su trayectoria, acabó sabiendo cómo aplicar esta disciplina en el estudio del marketing. Es más, consiguió especializarse en un enfoque innovador, lo motivacional. Saber qué se hace sin saber el motivo por el que se llega ahí es, para Herzog, un conocimiento inútil.
Herzog era consciente de que había que dar facilidades para expresarse a las personas participantes en los estudios. Ella partía del hecho de que la población no estaba acostumbrada a analizarse y había que pensar cómo ayudarles. En una entrevista realizada para la BBC (Curtis, 2000) cuando ella estaba a punto de cumplir los 90 años, Herzog describe el estudio en el que se le ocurrió pedir a las personas entrevistadas que dibujaran un coche. En su mirada a cámara es fácil captar la ilusión que había quedado atrapada en ese recuerdo. Era un proyecto encargado por Ford Mustang y, a Herzog, no se le ocurrió mejor idea que esa para entender la relación que las personas mantienen con su automóvil.
Herzog no se definió como feminista. Ella aclara que, a pesar de que entiende que otras mujeres lo sean, ella no se siente como tal. Ella percibe que la cuestión del género nunca jugó un papel en su vida profesional. No cabe duda de que era una persona muy inteligente, con gran capacidad de adaptación y creatividad, lo que muy probablemente contribuyó a que, en sus recuerdos, no hayan quedado registrados los obstáculos que se intuye sí debió superar. Ahora bien, la persona que acaba resaltando como referente es su madre, «una mujer hermosa y fuerte desde todos los puntos de vista» (Herzog, 1994: 1).
Que la llamaran para formar parte de McCann o del primer think-tank que se creó en la historia es una prueba de que fue pionera en su ámbito. Pero, seguramente, ella vivía con tanta normalidad su genialidad que hasta le cogió por sorpresa el único homenaje que pudo disfrutar en vida: «En 1986, para mi sorpresa —y placer, he de admitir—, fui seleccionada como miembro del Salón de la Fama del Market Research Council» (Herzog, 1994: 8).
Referencias