Título del Capítulo: «La experiencia prestada: análisis de la escucha de seriales radiofónicos diurnos»
Autoría: Herta Herzog
Cómo citar este Capítulo: Herzog, H. (2023): «La experiencia prestada: análisis de la escucha de seriales radiofónicos diurnos».. En García-Jiménez, L.; Huertas-Bailén, A.; Vera-Balanza, T. (eds.), Herta Herzog y «La experinecia prestada». La fundación de los estudios de comunicación y audiencia. Salamanca: Comunicación Social Ediciones y Publicaciones.
ISBN: 978-84-17600-95-2
Capítulo 5. La experiencia prestada: análisis de la escucha de seriales radiofónicos diurnos1
Herta Herzog
Si en un día laborable cualquiera fuera posible obtener una visión panorámica de lo que todas las mujeres a lo largo y ancho del país están haciendo a una hora concreta, descubriríamos que al menos dos millones de ellas están escuchando alguno de los llamados «seriales radiofónicos diurnos». Algunas de esas mujeres estarán simplemente sentadas frente a la radio, la mayoría estará haciendo tareas domésticas al mismo tiempo, pero esos dos millones seguirán con atención la entrega diaria de una pieza dramática que refleja escenas de la vida cotidiana de personas de clase media. Algunos de esos seriales llevan ocho años en antena. El episodio diario es precedido por un breve resumen de los acontecimientos ocurridos en la entrega anterior y finaliza con una serie de preguntas que preparan a la oyente para la secuela: «¿Qué hará la Sra. X mañana?» «¿Tendrá el Sr. Y que enfrentarse finalmente a su destino?».
Un serial diurno tiene una duración de quince minutos y, cuando finaliza, es seguido por otro. A menudo, se emiten hasta ocho o diez de ellos sin más interrupción que la voz del anunciante informando del producto y la empresa que patrocinan cada serial. Actualmente, entre doscientos y trescientos seriales son transmitidos a diario por las cadenas de radio estadounidenses. En las ciudades más grandes, una mujer puede escuchar entre veinte y cuarenta seriales de la mañana a la tarde con sólo girar de cuando en cuando el dial para saltar de una cadena a otra.
Puesto que muchas personas de clase media o clase media baja llevan una vida anodina, la cantidad y variedad de acontecimientos narrados en esos programas es mucho mayor que cuanto esas mujeres puedan experimentar o presenciar en primera persona. Surge así la pregunta de si, a través de los seriales diurnos, la radio ejerce o no una gran influencia sobre la actitud de las oyentes con respecto a sus propias vidas y a los problemas que les afectan.
Valorar el impacto de estos programas parece una tarea urgente, aunque en ningún caso sencilla, que la investigación social contemporánea precisa abordar. El argumento de los relatos tendría que ser estudiado cuidadosamente. Debería ser posible conocer qué mujeres los escuchan y quiénes no lo hacen. Sobre todo, sería interesante realizar un seguimiento periódico a un elevado número de oyentes de entornos muy diversos para comprobar si se producen cambios en su manera de pensar y de vivir que puedan relacionarse con el efecto de estos programas.
Este estudio pretende preparar el terreno para esa empresa mucho mayor compartiendo los resultados de una serie de entrevistas realizadas a un grupo de mujeres que escuchan con regularidad estos programas y a las que se preguntó por el significado que tienen para ellas, los motivos por los que los escuchan y lo que hacen con aquello que escuchan. Su objetivo es ofrecer una descripción de las respuestas de estas mujeres y desarrollar un marco conceptual que pueda ser de utilidad para análisis futuros más complejos.
El material
Este informe toma como base un conjunto de entrevistas personales efectuadas durante los últimos dos años a cien mujeres residentes en el área metropolitana de Nueva York. Se realizó un esfuerzo para cubrir un amplio espectro de la población, incluyendo mujeres de distintas edades y niveles de renta. La mayor parte de las personas entrevistadas eran amas de casa; algunas habían trabajado antes de contraer matrimonio, otras no lo habían hecho nunca. Entre ellas había también algunas estudiantes de secundaria y varias criadas. Todas las mujeres entrevistadas escuchaban un mínimo de dos seriales diurnos con regularidad;2 el número real de programas escuchados al día oscilaba entre dos y veintidós. Es éste, por tanto, un estudio centrado en las oyentes aficionadas a estos programas.
Las primeras veinte entrevistas fueron en realidad encuentros «abiertos» cuyo objetivo era explorar el terreno en profundidad. A partir de esos debates iniciales se elaboró un cuestionario que, en su versión final, fue utilizado con la segunda mitad de la muestra. El cuestionario abarcaba los hábitos de escucha de las encuestadas, un análisis detallado de los seriales preferidos de cada una de ellas, una serie de preguntas que pretendían desvelar el interés general por este tipo de programas y, por último, ciertos datos sobre las propias oyentes, incluidos sus hábitos de lectura, actividades sociales, aficiones o intereses particulares, películas favoritas y aspiraciones en la vida. El cuestionario puede consultarse en el anexo a este trabajo.
«Meterse en líos y salir de ellos»
La respuesta de las oyentes a la pregunta sobre el contenido de sus seriales predilectos se reduce casi invariablemente a una única fórmula estereotipada. El argumento de varias historias es descrito como «meterse en líos y salir de ellos». A continuación se incluyen varias respuestas ofrecidas por las entrevistadas cuando se les pidió que describieran su relato preferido.
«Me gusta David Harum. Trata de un filósofo que vive en una ciudad pequeña y resuelve los problemas de todos, incluidos sus enemigos. También le gustan las carreras de caballos. Ahora han envenenado a su caballo y alguien ha robado el cuerpo. Están intentando averiguar por qué. Siempre se está metiendo en líos y saliendo de ellos.»
«Mi programa favorito es Society girl (Una joven de la alta sociedad). Esta historia trata de un hombre joven que se casa con la hija de su jefe. El jefe les compra una bonita finca en Long Island. Van a tener problemas a causa de un antiguo cementerio y una tumba que ha sufrido daños. Pero encontrarán la manera de solucionarlos.»
«A mí me gusta The O’Neills (Los O’Neill). Trata de una madre que se ha quedado viuda y de sus hijos y nietos. Los gemelos dan muchos problemas. El hijo participa en una revuelta y puede que la hija se marche a Chicago. Pero Ma O’Neill lo arreglará todo y luego surgirá otra cosa.»
El número medio de seriales diurnos que las mujeres de este estudio escuchan de forma regular es 6,6. Sólo unas pocas entre las oyentes entrevistadas respondió afirmativamente a la pregunta sobre si sólo escuchan seriales «porque no ponen nada más a esa hora». Cuando se les preguntó si seleccionaban los programas en función de su horario de trabajo o si ajustaban dicho horario para poder escuchar los programas, el 31% de ellas afirmaron hacer lo segundo. Tres cuartas partes de las oyentes aseguraban no haberse «aburrido» nunca con su relato favorito, mientras que el 57% de ellas no podía mencionar ningún pasaje de los seriales escuchados que les hubiera desagradado por un motivo u otro.
Estos datos indican un consumo intensivo y, obviamente, bastante satisfactorio de seriales radiofónicos por parte de estas mujeres. ¿Cómo se relaciona esto con el hecho de que la fórmula «meterse en líos y salir de ellos» se aplique a todos los programas? ¿Por qué no se cansa la gente de historias con el mismo tema?
Programas elegidos porque reflejan los problemas de las oyentes
Las oyentes estudiadas no conciben que los relatos radiofónicos sean ficticios o imaginarios. Los escuchan como si fueran reales y desde el punto de vista de sus propios problemas personales. Las oyentes de un mismo serial coinciden sobre cuál es el problema que la historia aborda, pero su percepción de cómo éste se desarrolla es distinta. Los siguientes comentarios los hicieron mujeres que escuchaban el mismo serial, Road of life (El camino de la vida):
«Trata de un médico, de su vida y de cómo siempre procura hacer lo correcto. Aunque a veces también lo dejan en la estacada.»
«El Dr. Brent es un hombre maravilloso que cuida maravillosamente de un pobre niñito huérfano. Está haciendo la labor de un santo.»
«Es un drama, Jim Brent y el Dr. Parsons… celos, ya sabe. Hay varios personajes, pero Jim Brent es el principal. Al final, saldrá vencedor.»
«Trata sobre un joven médico en Chicago. Me gusta escuchar cómo cura a la gente enferma. Me pregunto si también podría curarme a mí.»
Todas estas oyentes se interesan por el «conflicto» que narra el relato y cómo se resuelve, pero cada una de ellas interpreta esa situación «problemática» de acuerdo con sus propias dificultades personales. Así, por ejemplo, la oyente enferma pone el énfasis en las personas indispuestas a las que el médico protagonista de la historia devuelve la salud. La joven alumna de secundaria, que desearía conocer a alguien tan interesante como el Dr. Brent, centra su atención en el asunto de los celos y en la forma en que el Dr. Brent lidia con ellos. La mujer de más de cuarenta años que tuvo una infancia triste insiste en que el Dr. Brent «está haciendo la labor de un santo». Y la madre que se sacrifica por su familia sin recibir ningún reconocimiento por su esfuerzo se ve reflejada en el hecho de que «a veces también lo dejan [al Dr. Brent] en la estacada».
Todas esas mujeres escuchan también otros programas. A la hora de elegir los seriales, se inclinan por aquéllos que abordan los conflictos que, a su parecer, están más íntimamente relacionados con los suyos. A menudo, desde el punto de vista de la oyente, todos esos relatos tratan el mismo tema. Así, la mujer que aprecia al Dr. Brent a causa de su amabilidad con el pequeño huérfano escucha otros cuatro programas que presentan a un «adulto amable» como personaje principal. Su comentario sobre Right to happiness (Derecho a la felicidad) fue: «La madre es una buena mujer. Entregó su vida por su hijo». Sobre Hilltop house (La casa en lo alto de la colina) comentó: «La mujer que sale allí no se casa porque tiene que cuidar de un orfanato». También escucha Myrt and Marge (Myrt y Marge) y The O’Neills, programas que describe en términos similares, subrayando el papel protagonista de la «madre entregada» en cada uno de ellos.
De igual manera, la joven estudiante de secundaria a la que le gustaría conocer a alguien como el Dr. Brent escucha, además de Road of Life, otros dos programas que ella describe como «historias románticas». Se trata de Our gal Sunday (Sunday, nuestra niña) y Helen Trent.
A veces las oyentes ponen en marcha un complicado proceso de cambio e intercambio de acontecimientos y personajes entre sus relatos favoritos para acomodarlos a sus necesidades personales. Este comportamiento queda claramente demostrado en el caso de una mujer de mediana edad, bastante equilibrada, cuyo principal interés en la vida es su familia. Escucha sólo dos programas de radio porque, según ella, «no tiene tiempo para más». Escucharlos le sirve para sentirse conectada con los distintos miembros de su familia mientras éstos se encuentran en el trabajo o en la escuela. Su serial favorito es Pepper Young’s family (La familia de Pepper Young). Le interesa porque «el hijo actúa contra su padre igual que nuestro hijo». Pero no le interesa la madre del relato porque «es demasiado sumisa», así que recurre a un segundo programa, Woman in white (La mujer de blanco), porque allí «la mujer es la que manda». Uniendo a la madre de un serial con el padre y el hijo del otro crea un modelo familiar que ella considera «muy parecido» al suyo. En sus propias palabras, los programas «le ayudan a sentirse acompañada» cuando está sola en casa.
Cuanto más complejos son los problemas de una oyente o cuanto más incapaz es de resolverlos, más programas escucha. Así encontramos, por una parte, a la mujer citada más arriba, que sólo escucha dos programas al día porque «no tiene tiempo para más», es decir, porque probablemente «no necesita más». Y por otra parte, tenemos el caso extremo de la criada negra que trabaja en una casa donde hay cinco radios y que escucha veintidós seriales al día. Para esta persona, que tiene muy poca educación, que carece de parientes o amigos y que dispone de pocas oportunidades para desarrollar una vida normal, los relatos lo son prácticamente todo. «El domingo», dijo durante la entrevista, «es un mal día para mí. No sé qué hacer. Durante la semana tengo los seriales». Cuando le preguntamos cuál, en su opinión, debería ser la duración de un serial, sin entender muy bien el motivo de esa pregunta, respondió con ansiedad: «No van a dejar de emitirlos, ¿verdad? ¡Estaría perdida sin ellos!».
Como no tiene vida al margen de los relatos, esta oyente quiere escuchar tantos seriales y durante tanto tiempo como sea posible. Ya que todas las historias tienen un tema común relacionado con meterse en líos y salir de ellos, es posible que la oyente combine aspectos de varios seriales para formar una especie de mosaico de «realidad» que se ajuste perfectamente a sus necesidades particulares.
Los tres tipos principales de gratificación
En líneas generales, las historias tienen un significado común para todas las oyentes. Todas apelan a su inseguridad y les proporcionan de un modo u otro recursos de carácter sustitutorio. Esto sucede, a grandes rasgos, mediante tres tipos de reacciones, diferentes como modos de experiencia pero no en lo que se refiere a su función.
Algunas de las oyentes disfrutan escuchando relatos radiofónicos sobre todo como medio para desinhibirse desde el punto de vista emocional. Otras disfrutan porque los relatos les proporcionan la oportunidad de llenar sus vidas con cosas que querrían experimentar personalmente. Otras adoptan una postura más realista y los escuchan porque les ofrecen fórmulas para realizar ajustes y soportar el tipo de vida que llevan.
A continuación incluimos una descripción detallada de cómo funcionan los distintos tipos de gratificación.3
I. La escucha como liberación emocional
Muchas de las oyentes se emocionan cuando escuchan seriales. Cuando se les preguntó si alguna vez se habían sentido «muy emocionadas» por la historia, el 50% de ellas respondió afirmativamente. Algunas de ellas mencionaron que no podían trabajar mientras escuchaban los relatos. Una de ellas dijo: «Ni siquiera puedo hacer crochet mientras escucho. Tengo que sentarme y quedarme quieta, de lo nerviosa que me pongo». Estas confesiones fueron corroboradas por la observación real de algunas de las encuestadas mientras escuchaban un serial. Dicha observación se llevó a cabo de manera informal y, por tanto, bastante fiable. Si, por ejemplo, una mujer se quejaba de que la entrevista coincidía con el horario de su programa favorito, la entrevistadora le proponía educadamente escuchar el relato juntas y posponer la entrevista hasta que éste acabara. De ese modo fue posible ser testigo de hasta qué punto algunas de las oyentes se excitaban y cómo le hablaban a la radio, lanzaban advertencias a los personajes, etc.
Escuchar seriales radiofónicos puede provocar una liberación emocional de distintas maneras. Proporciona una vía de escape para la ansiedad acumulada al ofrecer a la oyente una «oportunidad para llorar». Aporta estímulos emocionales y excitación a las oyentes que, por su temperamento, no tienen acceso a esas experiencias o que llevan una clase de vida que no facilita esos estímulos. En tercer lugar, concede a las oyentes la posibilidad de compensar sus propias dificultades canalizando su agresividad hacia otras personas. A veces esas tendencias agresivas son satisfechas dentro de los propios relatos; esto sucede cuando las oyentes disfrutan con «los males ajenos». En otras ocasiones, las historias sirven como medio para que las oyentes se sientan superiores a ciertas personas de su entorno. Al crear una especie de «unión de sufridores» con los protagonistas del relato, la oyente se vuelve despectiva y agresiva con algunas de las personas que la rodean en el mundo real.
Una oportunidad para llorar. A varias de las encuestadas les gustan los seriales porque les dan la oportunidad de relajarse y liberar la ansiedad acumulada en su interior. Esto es lo que la oyente con discapacidad citada anteriormente dijo:
«La gente como yo puede volverse loca simplemente por estar siempre sentada, dándole vueltas a todo. A veces las historias me emocionan y lloro. Sé que soy una tonta, pero me hace sentir mejor.»
Otro caso similar es el de la muchacha recién casada. Solía trabajar antes de contraer matrimonio; ahora se ve obligada a convivir con su familia política y está bastante enfadada a causa de la estrechez de su nueva vida. Inicialmente, recurrió a los relatos radiofónicos para tener algo de qué hablar con su suegra. En sus propias palabras:
«No hay ningún programa que me guste más que otro. Todos tocan la fibra sensible, son muy tristes. A veces estoy muy nerviosa, pero mis problemas son en realidad muy estúpidos. Me encanta escuchar programas; puedo llorar con ellos.»
La tristeza concreta de los argumentos de los seriales se convierte en vía de escape para la ansiedad indefinida de esta oyente. Le permiten llorar, lo cual es gratificante por dos motivos. En primer lugar, porque muchos adultos se niegan a sí mismos el «derecho» a llorar. Ahora que ya no son niños y no pueden refugiarse en el regazo de su madre para sollozar, carecen de acceso al consuelo que esa liberación emocional supone, a pesar del incremento en sus vidas de dificultades que requerirían alivio. En segundo lugar, los relatos facilitan que las oyentes lloren sin tener que revelar la causa real de dicho llanto.
En otros casos, las oyentes disfrutan los programas no como desahogo sino como un estímulo emocional que la oyente echa en falta en su vida real.
«Una sorpresa, alegre o triste». Éste fue el comentario de una mujer que afirma haber disfrutado siempre de la vida. No menciona nada que deseara poseer especialmente. Siente que los problemas que abordan los seriales radiofónicos son muy parecidos a los suyos. «Pero», comenta, «ellos les sacan más provecho. Pueden hacerlo todo a gran escala». Es una mujer de mediana edad, con sobrepeso, apacible, y que apenas sabe leer o escribir. Todo lo que la emociona «está bien». Querría que las historias «no terminaran nunca». Le gusta Helen Trent porque:
«Vive cientos de experiencias gracias a sus diseños, etc. Siempre surge alguna sorpresa. Sea alegre o sea triste, me encanta.»
Cuando le preguntaron si le gustaría que una historia similar a la narrada en su serial favorito le sucediera a ella de verdad, respondió con decisión que no. «Soy demasiado vieja», dijo, «cuando envejeces renuncias a todo eso (las experiencias románticas)».
De forma semejante, la joven antes mencionada, que encuentra alivio llorando con los relatos, dice que ella prefiere llevar una «vida tranquila» antes que experimentar lo que se cuenta en ellos. Las oyentes optan por emocionarse —con el alivio que esto conlleva— en lugar de protagonizar esas excitantes vivencias ellas mismas. Aceptan los relatos como sustitutos de la realidad, del mismo modo que se identifican con el contenido de las historias y convierten, como se verá más adelante, el éxito de sus heroínas de forma vicaria en el suyo propio.
Los relatos dan lugar a una efímera pseudocatarsis. La risa o el llanto que provocan hacen que las oyentes se sientan bien sólo mientras dura la historia. Siguen pidiendo nuevas «sorpresas» y nuevas «oportunidades para llorar», porque se dan cuenta de que su vida real no les proporcionará las aventuras emocionales que anhelan. «Soy demasiado vieja para el amor», dice una mujer. «Mi vida no sería una buena base para ninguna historia», dice otra. Es lícito preguntarse, por tanto, si la breve descarga emocional que se produce cuando escuchan los problemas de otras personas no dará como resultado, a largo plazo, una sensación aún más intensa de frustración y una incapacidad todavía mayor para vivir experiencias emocionales al margen de los seriales.
«Si estoy triste, me hace sentir mejor…». Algunas oyentes reconocieron sentir cierto alivio al comprobar que «otras personas también tienen problemas». En algunos casos, ese alivio aparece vinculado al hecho de descubrir los conflictos de esas personas y dejar de sentir que ellas son las únicas que sufren. En otros casos, parece estar relacionado con la utilidad de las historias para poner el foco en la sensación general de frustración asociada con los hechos y cosas que «ocurren». Si uno sabe lo que está mal y se trata de un «hecho» concreto más que de la estructura general de la sociedad en la que uno vive, es probable que el desahogo se produzca más fácilmente. Con mayor frecuencia, sin embargo, las oyentes disfrutan escuchando los problemas de la gente como un modo de compensar su propia tristeza expresando su agresividad contra otras personas. Las historias proponen a las oyentes temas y asuntos en relación con los cuales las oyentes pueden mostrarse agresivas.
Algunas oyentes encuentran un consuelo especial al escuchar los problemas de otras personas que son, teóricamente, «más inteligentes» que ellas. En palabras de una de ellas:
«Si estoy triste me hace sentir mejor saber que otras personas también tienen dificultades. Son muy inteligentes y sin embargo sufren igualmente.»
Las oyentes también disfrutan de los seriales como espacios donde pueden expresar sentimientos de agresividad que no se permitirían bajo otras circunstancias. Encontramos otro ejemplo en la reacción de una oyente que se describe a sí misma como una mujer «religiosa». No lee otro libro que no sea la Biblia y le desagradan las películas porque no son «decentes». Aprueba, sin embargo, los seriales radiofónicos porque los personajes que aparecen en ellos «son muy valientes en lo que se refiere a sus problemas y cuando ayudan a otras personas. Te enseñan a ser buena». Aunque dice escucharlos para «aprender a ser más amble», el episodio que señaló como favorito narraba una catástrofe sufrida por la heroína:
«Me gustaba más cuando eran muy felices, antes de que asesinaran al marido y se volviera todo tan triste.»
El interés en las desgracias ajenas también aparece en las respuestas de las encuestadas a la pregunta sobre si se emocionan mucho con los relatos y en qué casos ocurre. Hasta un 41% de las oyentes que respondieron afirmativamente mencionaron asesinatos, accidentes violentos, gánsteres e incendios; el 15% mencionó enfermedades y muertes; el 26% habló de conflictos psicológicos, mientras que sólo el 18% nombró sucesos no violentos o catastróficos. La agresividad implícita en esas respuestas aparece reflejada de forma bastante sorprendente en el siguiente comentario de una oyente que explicó por qué nunca se emociona de verdad. Refiriéndose a Woman in white, afirmó:
«Pensé que el asesinato sería excitante. Pero no lo fue. Sucedió en algún lugar en el extranjero.»
El comentario de otra entrevistada permite comprobar hasta qué punto la agresividad contra algunos personajes radiofónicos está unida al deseo de la oyente de encontrar compensación por sus propios problemas. Lo ha pasado mal criando a sus hijos después de que su esposo muriera. Escoge programas que tienen como protagonista a una mujer sacrificada. Su comentario sobre uno de ellos fue:
«Me gusta Hilltop house. La mujer siempre está haciendo cosas por los niños… Me pregunto si se casará alguna vez. Quizás no sea bueno que se case y renuncie al orfanato. Hace una labor maravillosa. En verdad, no creo que deba casarse.»
Esta oyente compensa el resentimiento que siente a causa de su propio destino deseando uno ligeramente peor para su personaje favorito de la radio. Como ella perdió a su marido, no quiere que su heroína tenga uno. Espera que se sacrifique por los huérfanos, como ella lo hace por sus hijos.
En los ejemplos ofrecidos hasta ahora, las oyentes encuentran cabezas de turco para su agresividad dentro de las propias historias. En los casos que detallaremos a continuación, los seriales sirven para reforzar la agresividad dirigida a personas del entorno real de las oyentes.
La unión de sufridores. Algunas de las oyentes utilizan los relatos para magnificar su propio «sufrimiento». Equiparar sus sacrificios con los de los personajes de los seriales se transforma en una herramienta para etiquetar y realzar los suyos. Cuando se planteó a una de las encuestadas la pregunta rutinaria de si estaba casada y tenía hijos, dio la siguiente información. Era viuda y hasta hace poco vivía con su único hijo. No obstante, se había mudado recientemente del apartamento de su hijo para «no representar un estorbo para él». La idea de sacrificarse de ese modo partió de su relato preferido, Stella Dallas. En otro punto de la entrevista realizó el siguiente comentario sobre la heroína de este serial:
«Es como yo. Tampoco quiere ser un estorbo para su hija… ¿Qué aspecto tiene? Bueno, es una persona corriente, una entre mil, y siempre hace lo correcto. Cada vez está más cansada y demacrada. Sencillamente, se está consumiendo.»
Es posible que esta oyente se mudara del apartamento de su hijo para ser como Stella Dallas. No sabemos hasta qué punto esa decisión fue voluntaria o cómo fue recibida y valorada por su hijo. En cualquier caso, su identificación con esta heroína radiofónica, que «se está consumiendo», le ofrece la oportunidad de subrayar su gesto de tolerancia y su sacrificio.
Identificarse con alguien tolerante hace que las oyentes se sientan superiores y distintas a los demás. Admiran en extremo a los personajes de la radio e imaginan que son como ellos. Al tiempo que se elevan a nuevas cotas de «tolerancia» a través de su identificación, se vuelven despectivas y críticas con el mundo que las rodea. Encontramos un ejemplo de ello en los siguientes dos comentarios hechos por una mujer que escucha seriales porque la gente que sale en ellos es «maravillosa»:
«Te enseñan a ser buena. Yo he sufrido mucho, pero todavía puedo aprender de ellos.»
Sin embargo, cuando se le preguntó a esta misma mujer si había algún programa que le disgustara, respondió:
«No escucho The Goldbergs. ¿Por qué gastar electricidad en los judíos?»
Obviamente, su «tolerancia» no era lo suficientemente grande como para incluir a los judíos. Parece más bien un medio para sentirse superior a ellos.
Hallamos otro ejemplo del modo en que los relatos son utilizados como excusa para criticar a gente del entorno real de la oyente en el caso de una mujer que vive en un barrio conocido como Greenwich Village. «Detesta» ese barrio. Cuando se le preguntó qué era lo que más deseaba en la vida, dijo: «Una casa en el campo, sólo para mí y para mi familia, con una valla blanca alrededor».
Esta mujer admira los programas porque muestran el «decente modo de vida americano», en contraste con el de su odiado «Village». Su admiración por los personajes de la radio es en realidad un medio para exagerar el desprecio que siente por el mundo que la rodea, a la vez que le sirve como valla para protegerse de él.
II. La escucha como medio para reconfigurar la propia rutina
En las distintas formas de gratificación definidas como «alivio emocional», escuchar sustituye al estímulo o la liberación que la oyente no puede experimentar o disfrutar de otra manera. El argumento del serial sólo es importante de forma indirecta, en tanto que proporciona un anclaje emocional lo suficientemente fuerte.
En los casos descritos a continuación, la conexión entre los relatos radiofónicos y la situación de la oyente es de naturaleza mucho más amplia. El énfasis se pone en el contenido específico del relato más que en su carga emocional. La oyente pretende que lo que ocurre en la historia le está sucediendo a ella. No sólo empatiza con los personajes, como quienes se emocionan durante la escucha; es los personajes. Toma el argumento del serial como sustituto de la realidad y lo utiliza para remodelar su vida. En este tipo de experiencia, la distinción entre la realidad del «relato» y la realidad de la vida es destruida por la ilusión.
Aplacar los propios problemas. La forma más radical de identificación se produce cuando la oyente se evade de forma consciente gracias al relato. Utiliza las historias para superponer otra vida, más deseable, a la suya. Escuchar funciona como una potente droga que le hace olvidar sus propios problemas mientras escucha los que se describen en el serial. Una de las oyentes dijo:
«Se me hace muy difícil esperar a que pase el fin de semana y llegue el lunes, que es cuando vuelven a emitirse los relatos. Me hacen olvidar mis problemas. Sólo tengo problemas de dinero. Ellos no. Sus problemas son más complejos, pero también más excitantes. Y, además, logran resolverlos. Por ejemplo, se suben a un avión cada vez que quieren ir a Washington. El dinero no parece importarles. En los seriales hay amor de verdad. Me encantan las historias románticas. Sigo esperando que David le proponga matrimonio.»
Los relatos son tan reales para la oyente como una experiencia auténtica. Vive el romance de Mary Marlin como si fuera suyo.
Una historia de amor vivida a través de un serial radiofónico reemplaza de manera satisfactoria la experiencia real gracias a dos condiciones en realidad inexistentes. Una de ellas es que los hechos contados en los relatos están en gran medida determinados por los deseos de la oyente. Si ésta desea una historia de amor, seleccionará un programa que se la ofrezca. Dentro del relato, la oyente puede además elegir centrarse en «cómo deberían ser las cosas». Si el serial (Mary Marlin) no es lo suficientemente romántico, la oyente puede dedicarse a pensar:
«Yo habría hecho que David le propusiera matrimonio hace meses. No tiene por qué ser el perfecto soltero. Yo le habría hecho meter la pata.»
Si la oyente siente que la historia no está desarrollándose de acuerdo a como ella querría, puede que deje de escucharla con regularidad y busque otro serial. La discontinuidad a la hora de escuchar un programa que anteriormente se había escuchado con frecuencia está presente en el 63% de los casos. En dos de cada tres ocasiones, los motivos son externos, como el hecho de que el programa haya dejado de emitirse. En el tercio restante, el programa deja de ser escuchado a causa de la desaprobación de las oyentes. Entre las razones más frecuentes para ello, las oyentes mencionan que resultaba «poco creíble» o «demasiado monótono». Ambas objeciones significan, en la mayoría de los casos, que la historia no progresa con la suficiente agilidad o en la dirección que la oyente esperaba que lo hiciera. Esto se percibe con bastante claridad en el comentario de una oyente que ha dejado de escuchar Helen Trent:
«Dejé de escucharlo cuando Helen Trent se marchó a Hollywood. Era muy poco creíble. Yo he estado en Hollywood. Es un lugar horrible. Allí las mujeres pierden a sus maridos. ¿Por qué no se marchó a un lugar agradable y seguro? Hay muchos en este país.»
El programa fue considerado «poco creíble» porque su desarrollo amenazaba con interferir con el deseo de la oyente de escuchar historias sobre lugares y relaciones «agradables» y «seguras».
En segundo lugar, escuchar ofrece la oportunidad de vivir «experiencias excitantes» mientras una «se relaja» y «se fuma un cigarrillo». Como ya se indicó antes, casi ninguna oyente preferiría que los sucesos de los relatos le ocurrieran realmente a ella en vez de limitarse a escucharlos por la radio. Esa posición les permite perderse en la excitación asociada a una experiencia prestada más que a una propia.
Los ejemplos de evasión radical a través de los relatos, como el citado más arriba, no abundan entre las mujeres estudiadas. Esto se debe probablemente a la naturaleza de los seriales, que retratan la vida cotidiana y contienen tantas alusiones a ella que las oyentes no pueden olvidar su propia rutina. En su mayoría, las mujeres entrevistadas seleccionan determinados aspectos de los seriales y los incorporan a sus vidas para que parezcan más interesantes o agradables. Esta glorificación de la vida de las oyentes abarca desde cumplir deseos que no han sido totalmente satisfechos en la realidad a encontrar compensación a un fracaso personal apropiándose del éxito de la protagonista del serial.
Cultivar los aspectos «positivos». Algunas de las encuestadas utilizan los programas radiofónicos para disfrutar de la clase de experiencias que más dicen apreciar en su vida real. Tenemos un ejemplo de ello en el caso de una joven casada a la que le gusta escuchar seriales sobre «otros matrimonios felices». Declara:
«Sencillamente, me encanta escuchar esos programas. El Dr. Brent es como un segundo marido. Después de todo, sólo puedo casarme una vez. Me encantaría tener más maridos.»
No podemos concluir, a partir de nuestros datos, si la oyente está tan felizmente casada como afirma estarlo o no. No considera al Dr. Brent del relato un sustituto de su marido en la vida real. Es muy probable, sin embargo, que las expectativas que tiene con respecto a su matrimonio sean mayores que su satisfacción y que escuchar al Dr. Brent como si fuera un «segundo marido» sea, en definitiva, una forma de compensación.
De modo similar, otra mujer «felizmente casada» afirma: «Me empapo de tantas historias románticas como puedo».
En ambos ejemplos, encontramos el deseo de utilizar los relatos como medio para multiplicar lo que una ya tiene. La cantidad extra proporciona la intensidad que probablemente falta en la experiencia real.
Llenar las lagunas. Otras oyentes utilizan los programas para inyectar a sus vidas aquello que admiten echar en falta en ellas. A este grupo pertenece una mujer casada con un hombre enfermo, a quien adora. Su programa favorito es Vic and Sade (Vic y Sade), del que le gustan especialmente los «episodios divertidos». Dice:
«Desde que mi marido enfermó no nos hemos divertido mucho. Me encanta escuchar Vic and Sade. Son como nosotros. Vic se parece físicamente a mi marido. Les pasan muchas cosas divertidas. Siempre se las cuento a mi marido.»
Su episodio preferido es aquél en el que Sade se confunde de zapatos en la fiesta de una amiga y regresa a casa con un zapato suyo y otro que no lo es. Probablemente, la oyente se siente atada a un matrimonio que, por el momento, parece fundamentarse sobre todo en la lealtad. Contarle a su marido las divertidas aventuras de la pareja protagonista del serial cubre la falta de experiencias reales.
Una de las gratificaciones de este tipo más interesantes desde el punto de vista sociológico es la vinculada a las historias protagonizadas por médicos. Escuchar esas historias es una fuente de extrema satisfacción no sólo para viejas solteronas o viudas:
«El Dr. Brent es un hombre encantador. Se ocupa de los problemas físicos y espirituales de todas las personas que lo visitan. Me recuerda un poco a mi propio médico, pero creo que el Dr. Brent es más joven y encantador.»
«Mi marido murió y mi hermano tuvo un infarto. No tengo a nadie con quien hablar realmente y hubiera necesitado que alguien me aconsejara en relación con la tragedia que sufrió mi hija. El Dr. Brent es un hombre tan bueno…. Me ayuda escucharle. Es como si lo tuviera en la habitación conmigo.»
El amable y eficiente Dr. Brent también fascina a esa mujer que, en un determinado momento de la entrevista, afirmó: «En casa, yo soy la jefa», dando a entender que no consideraba que su marido estuviera cualificado para ejercer como tal. El Dr. Brent es asimismo objeto del cariño de la muchacha que desearía conocer «a alguien como él». En todas las etapas de la vida, las mujeres parecen tener la necesidad, con frecuencia insatisfecha, de contar con la presencia de un hombre amable y capaz de que actúe más como protector que como proveedor o competidor. El médico de la historia encaja en ese papel. Para las oyentes representa una especie de figura paterna.4
Revivir el pasado. Algunas oyentes utilizan los seriales para revivir su pasado. Las asociaciones sugeridas por los relatos sirven para transportarlas de vuelta a épocas más agradables. Así, una mujer que se crio en una ciudad pequeña y siente nostalgia de ella encuentra en David Harum un espacio donde reconectar con el tipo de vida que conoció en su infancia. Dice la oyente:
«Me gusta escuchar David Harum, con su filosofía de andar por casa. Trata de una ciudad pequeña. Yo crecí en una ciudad así y me encantaba.»
A otra mujer le gusta Our gal Sunday porque, igual que la protagonista, creció en una ciudad minera. Escuchar el relato le recuerda a su «hogar»:
«Our gal Sunday trata de una niña pobre a la que abandonan en un portal. La crían dos hombres en una ciudad minera y, cuando es mayor, se casa con un lord. La parte de la ciudad minera me recuerda a mi propia vida, porque yo también me crie en una ciudad así. Ahora vivo muy lejos de allí y, salvo por el serial, no tengo a nadie que me recuerde aquella vida.»
A veces lo que se recuerda son personas y no situaciones, como en el caso de la oyente que, refiriéndose a The Goldbergs, comentó:
«Ma Goldberg me recuerda a una mujer que conocí cuando era pequeña. Vivía en la casa de al lado. Siempre encontraba excusas para nosotros cuando no nos portábamos bien. Siempre decía cosas buenas de los demás.»
El 39% de las oyentes declaró haber conocido alguna vez a gente «parecida» a los personajes de los seriales, mientras que el 27% afirmó haberse enfrentado a situaciones «similares» a las descritas en algunas de las historias. La diferencia entre esos dos porcentajes debería ser verificada en una muestra de población más amplia antes de aventurarnos a interpretarla. Pero incluso en la pequeña muestra estudiada, ambos datos son significativamente más altos que el del número de casos cuya primera fuente de gratificación es la familiaridad con las personas o situaciones representadas en los programas. Las asociaciones con el pasado suponen el primer motivo de disfrute de un serial sólo cuando los recuerdos evocados son un sustituto idóneo para un presente menos deseable. Esto queda reflejado en el siguiente comentario de una de las encuestadas:
«Me gusta escuchar Helen Trent. Su historia de amor me recuerda a la mía. Mi marido siempre fue así de adorable y afectuoso. Nunca reñía conmigo. Éramos muy felices, todavía lo somos. Este relato me devuelve mi historia de amor después de diecinueve años.»
Esta mujer no era probablemente consciente de que al contar su historia hablaba invariablemente en pasado. Su «todavía somos felices» es un ejemplo perfecto de la clase de gratificación que se obtiene de la escucha. Probablemente ahora tenga más «riñas» con su marido. Disfruta con Helen Trent porque le ofrece la oportunidad de revivir sus primeras experiencias amorosas y pretender que lo que era cierto hace diecinueve años todavía lo es a día de hoy.
La oyente prefiere que el relato evoque un recuerdo que le permita mantener la ilusión a que el parecido entre la situación descrita en el serial y la recordada sea total. Si la oyente desea con fuerza que lo que cuenta el relato suceda también en su vida, es probable que construya «semejanzas» de manera artificial. Ejemplo de ello es el comentario de una mujer de 55 años que también escucha el serial romántico Helen Trent porque le recuerda sus experiencias de juventud. Cuando se le preguntó si había utilizado alguna vez algún producto de la compañía anunciante, dijo:
«Utilizo la crema facial anunciada en Helen Trent porque ella la usa y es una mujer de más de 35 años que todavía tiene aventuras amorosas.»
Esta oyente no parece demasiado convencida de la aplicabilidad del relato. Utilizar el producto de belleza que usa la heroína refuerza la por otra parte débil e ilusoria analogía entre ella y Helen Trent. El producto, sobre todo si se vincula con la historia de forma tan intrincada, se convierte en el vínculo entre el mundo radiofónico y el real. A través del elemento real que representa la crema facial los hechos ficticios de la historia se introducen en la esfera de lo posible.5
Compensar el fracaso mediante la identificación con el éxito. Un gran número de mujeres utilizan estos relatos para compensar sus fracasos personales. Disfrutan con el éxito de sus heroínas radiofónicas en áreas de la vida donde ellas mismas han sufrido descalabros. Cuando se le preguntó a una de las mujeres entrevistadas qué deseaba más en la vida, respondió: «Un matrimonio feliz». También dijo que no le gustaba invitar a gente a casa porque temía que su marido se comportara de forma «grosera» con los invitados. Esa mujer señaló como seriales favoritos aquéllos en los que «una mujer logra cosas». Su comentario es interesante:
«Me gusta Easy aces (Ases fáciles). Sale una mujer que es tonta pero consigue cosas. También me gusta Hilltop house. La mujer que sale allí siempre está haciendo cosas. No tiene tiempo para casarse.»
El comentario de la oyente sobre Hilltop house es muy distinto a los de otras oyentes sobre el mismo programa. En lugar de resaltar los aspectos relacionados con el sacrificio y con «hacer el bien», esta mujer interpreta el relato desde el punto de vista de sus propias dificultades y fracasos. Según ella, la heroína «no tiene tiempo para casarse». Además, ve en el personaje a una mujer «independiente» antes que «buena».
Hay otra oyente que parece haber fracasado en sus relaciones familiares. Su hija ha huido de casa para casarse y de su marido dice: «Pasa fuera de casa cinco noches a la semana». Elige programas como The Goldbergs o The O’Neills, protagonizados por madres o esposas de éxito. Dice:
«Me gusta The O’Neills. Hace hincapié en la armonía y al mismo tiempo refleja la individualidad de cada miembro de la familia.»
En paralelo, es bastante crítica con el personaje de Ma O’Neill:
«Ninguna mujer puede ser tan divina y mantener sus ideales durante tanto tiempo.»
De Ma Goldberg comenta:
«No soy tan histérica ni excitable como Ma Goldberg. Nunca me inmiscuiría en la vida de los demás como hace ella.»
¿Por qué sigue escuchando esos seriales si no le gustan los personajes principales? Obviamente, no es capaz de soportar la idea de que otras mujeres tengan mucho más éxito que ella sin encontrarles algún defecto. Tiene que decirse a sí misma que los relatos no son verosímiles o que Ma Goldberg es un personaje desagradable para poder disfrutar de la escucha. Ser aparentemente crítica con los seriales es precisamente lo que le permite utilizarlos como sustitutos con la convicción con la que lo hace.
Adivinar los desenlaces como medio para sentirse superior. Algunas de las encuestadas con mayor nivel educativo niegan tener ningún interés personal en los seriales y afirman escucharlos sólo como una forma de entretenimiento. Dicen que les interesa ver «cómo se exponen los conflictos» y «cómo se resuelven». Una de ellas explica:
«Antes solía trabajar fuera de casa. Era algo que siempre me animaba. Ahora no tengo nada de lo que ocuparme. Escucho los programas porque sí, sin motivación personal alguna. Quiero ver cómo se exponen los conflictos. Casi siempre acierto con mis predicciones.»
Estas oyentes carecen de interés «personal» en los seriales en el sentido de querer identificarse con sus personajes o evadirse con su contenido. Utilizan las historias principalmente como medio para demostrarse a sí mismas o a otras oyentes que tenían razón al predecir el desenlace de la historia.6 Si luego el relato no progresa por la vía que ellas habían previsto, siempre pueden argumentar que las historias no son verosímiles. Juzgar a los guionistas y a los actores las hace sentirse superiores a quienes «se toman esas historias tan en serio». Se consideran al mismo nivel que la gente poderosa que controla las cosas en lugar de ser controlada por ellas.
El sentimiento de superioridad implícito en su «fría» valoración de los seriales se refleja en el siguiente comentario:
«Me gusta Scattergood Baines. Cuenta una historia típica de Nueva Inglaterra. El protagonista es uno de los mejores personajes de Clarence Budington Kelland. Tiene opciones y es flexible… Hago apuestas con mi hija sobre cómo terminará cada capítulo. Todo esto encaja con mi interés por el trabajo social. Por supuesto, no me tomo nada de lo que sale en serio, pero supongo que algunas personas lo hacen.»
Los seriales proporcionan a esta oyente un sustituto de algo, del mismo modo que se lo ofrecen a quienes los escuchan con una actitud más ingenua. Hacer apuestas sobre el final del capítulo es un modo de crear oportunidades para tener razón. En otras palabras, funciona como compensación por la falta de éxito de la oyente en otros campos. Juzgar a los personajes creados por los guionistas parece reemplazar una posible amistad real con ellos o con otra gente «interesante».
III. La escucha como medio para encontrar fórmulas
de ajuste
En los tipos de gratificación descritos como «reconfiguración de la rutina», el contenido del relato sirve como medio para cambiar imaginariamente la vida de la oyente. No obstante, hay muchas oyentes que no se identifican con los relatos hasta el punto de aceptarlos como sustitutos de su realidad. Lo hacen sólo en la medida en que les ayudan a realizar ajustes en su propia vida. Los relatos facilitan esos ajustes de tres maneras distintas. Al proponer una secuencia continua de acontecimientos, otorgan sentido a un mundo que sólo parece ofrecer una existencia rutinaria. En segundo lugar, crean la sensación de que el mundo no es tan amenazador como imaginamos al proporcionar a la oyente modelos de comportamiento para situaciones conflictivas. Por último, explican las cosas al etiquetarlas. Los seriales verbalizan hechos habituales dentro de un matrimonio, de una familia, de una comunidad y hacen creer a las oyentes que ahora son capaces de entender mejor aquello que las rodea. Escuchar les provee de una ideología que les ayuda a valorar el mundo con el que se enfrentan realmente.
El siguiente análisis pretende mostrar en mayor detalle cómo funciona cada una de esas «fórmulas de ajuste» y con qué aspectos concretos de los seriales están conectadas.
«Ya no me siento vacía». Algunas encuestadas afirmaron que las historias habían llenado de alegría sus «vidas vacías». El mero hecho de que algo suceda cada día a una hora determinada introduce un elemento de aventura7 en su rutina diaria. La vida cobra sentido al convertirse en una secuencia de emisiones diarias de quince minutos cada una.
«…realmente los seriales me han dado algo. Ya no me siento vacía.»
«En mi vida nunca pasa nada, pero tengo los seriales. Es algo por lo que ilusionarme cada día.»
Esta oyente siente que, sin los relatos radiofónicos, sus días no tendrían ningún aliciente. Los seriales, gracias a su regularidad, facilitan que las oyentes se adapten a una vida que, de otro modo, resultaría vacía y sin sentido.
Cuando se les pregunta cuánto debería durar un relato radiofónico, sólo el 12% de las encuestadas sitúa el límite en el plazo de unos meses. El resto desea que duren como mínimo un año o, preferiblemente, más tiempo. Algunas sugieren que deberían durar «tanto tiempo como resulten interesantes» o «siempre». Reproducimos aquí algunos de los comentarios recogidos en relación con esta cuestión:
«Quiero que el serial dure años para que mi familia crezca mientras la historia avanza.»
«Deberían durar tanto tiempo como resulten interesantes. Conoces a los personajes y se convierten en parte de tu familia. Odiaría perderlos.»
Las oyentes no quieren perder a la familia del relato que sirve de modelo para su familia actual. No quieren perder a los personajes del serial a los que han llegado a considerar miembros de su propia familia. Quieren que las historias continúen porque odian perder la sensación de tener esa vida llena que han ido creando al escucharlas. Esto es cierto incluso para las mujeres que desearían fijar un límite a la duración de los relatos. No tienen nada que objetar a las historias «por entregas» como tales; sus reparos tienen que ver con el deseo de evitar que se alarguen en exceso. Así:
«Si duran demasiado pierden fuerza. Deberían resolverse cada cierto tiempo para poder empezar de nuevo.»
Cuando dicen «alargarse», las oyentes se refieren al riesgo de que se hable demasiado en vez de permitir que progrese la acción. Esto les disgusta porque quiebra la ilusión de una vida plagada de acontecimientos. Éste es un comentario típico realizado por una mujer «aburrida» de tanta charla:
«La última vez que escuché Big sister (Hermana mayor), los protagonistas buscaban a alguien que pudiera ayudar a un chico que tiene un tumor. Querían conseguir a un especialista. No fue demasiado interesante. Los dos (Ruth y John) se sentaron y hablaron sobre ello. No hicieron nada. Pensé que el chico se moriría esperando. ¿Por qué no se pusieron en marcha?»
A la oyente le incomodó la larga discusión entre Ruth y John porque temía que el chico se muriera «esperando». Eso habría supuesto el fin de la participación del chico en el relato y habría destrozado la sensación de estar viviendo una vida intensa y memorable que la oyente había tenido antes durante la escucha.
El deseo de que las historias «progresen» parece en realidad el deseo de que continúen como se espera que lo hagan, según los patrones aceptados. En una cultura que reprime la curiosidad, en particular en la esfera de lo sexual, la gente se aferra a soluciones estereotipadas. Cuanto más profundas son las frustraciones, mayor es la necesidad de estereotipos.
Una forma interesante de corroborar esta hipótesis es poner en relación la duración deseada de los seriales con el número total de programas que la oyente escucha. Entre las mujeres que escuchan menos de cinco programas al día, por cada diez que fijan un límite temporal para las historias o dicen que no tienen opinión al respecto, hay tres que quieren que los relatos continúen «siempre» o «mientras sean buenos». Entre las que escuchan cinco o más programas al día, ese número asciende a siete.
Abundando en esta conexión, si tomamos el número de seriales escuchados como índice de la inseguridad y las necesidades de la oyente, podemos afirmar que cuantos más problemas tenga la oyente tanto más querrá que duren los relatos. Y probablemente no sea coincidencia que la película más frecuentemente mencionada como favorita sea Lo que el viento se llevó, la más larga de todas las películas recientes. Como lo expresó una mujer cuando le preguntaron por la duración que debería tener un relato radiofónico:
«Debería durar tanto como Lo que el viento se llevó. No puede terminar nunca.»
«Me muestran qué hacer». Otro aspecto de la escucha que sirve para que la oyente encuentre acomodo en su propia vida es el consejo que los relatos ofrecen. Muchas de las encuestadas explicaron de manera espontánea que les gusta escuchar seriales porque éstos les muestran qué hacer o cómo comportarse. A continuación incluimos unos pocos comentarios:
«Presto atención a lo que me puede hacer bien. Al final de cada capítulo de Aunt Jenny (La tía Jenny) todos los conflictos se han resuelto y a veces la forma en que se resuelven me ayuda cuando me sucede algo parecido.»
«Si escuchas esos programas y ocurre algo en tu vida, sabes qué hacer.»
«Me gusta escuchar a Ma Goldberg y ver cómo ella soluciona las cosas. Me da algo en lo que pensar mientras coso. Me muestra qué hacer.»
Las oyentes se sienten preparadas para enfrentarse a la complejidad de sus vidas, convencidas de que hay fórmulas para actuar que son aplicables a todas las situaciones y pueden ser adquiridas escuchando seriales. Esa convicción está íntimamente ligada al supuesto de que los relatos cuentan «historias verdaderas», como afirman algunos programas y aceptan las oyentes.
«Me gusta Aunt Jennie’s stories (Las historias de tía Jennie) porque los personajes son gente corriente que una podría conocer. Te lo dicen incluso, que son historias reales. Yo creo que pueden llegar a ocurrir de verdad.»
El siguiente episodio muestra que esa afirmación encaja con el deseo de las oyentes de que los seriales narren «historias reales». Se planteó a las mujeres entrevistadas la siguiente hipótesis: Un nuevo anunciante quiere introducir cambios en el programa. ¿Debería sustituir a los actores y dejar que el relato continúe tal cual o sería mejor, en su opinión, que cambiara la historia y se mantuvieran los mismos actores?
Un número muy elevado de mujeres entrevistadas no pudo responder a esa pregunta. No fueron capaces de diferenciar entre los actores como personajes y como personas. Su enorme deseo de creer que las historias son reales se pone de manifiesto incluso en la respuesta de una mujer que supuestamente entendió la pregunta y votó contra el cambio de actores. En sus palabras:
«El Sr. y la Sra. Young solían tener largas conversaciones en la cama y ahora, cuando lo hacen, no puedo soportarlo. Ahora que han cambiado de actores, es como si estuviera en la cama con otro hombre.»
La «verdad» de las historias se define en los términos que más reconfortantes resultan para la oyente. El siguiente comentario, realizado por una oyente que explicó por qué prefería escuchar relatos radiofónicos que ir al cine, ilustra este hecho perfectamente:
«No me vuelven loca las películas. Los seriales son más reales, se parecen más a mi propia vida. Las cosas que suceden en las películas raramente le ocurren a la gente que conozco. Me gusta escuchar historias de gente sencilla y corriente.»
Percibe como más «reales» los relatos radiofónicos porque tratan de gente «corriente» que se parece a ella, lo cual le permite identificarse con los personajes. Al mismo tiempo, quiere que esos personajes sean superiores a ella para que la identificación merezca la pena. Los personajes han de ser «gente sencilla» y, al mismo tiempo, poner en práctica una «filosofía maravillosa». Los relatos tienen que tratar de cosas que se dan en la «vida cotidiana» y a la vez ajustarse al patrón descrito como «meterse en líos y salir de ellos». En sus demandas relativas al contenido de los relatos, las oyentes fluctúan entre el deseo de querer aprender de las historias y el de utilizarlas como vías de escape. Para poder aprender quieren que reflejen la realidad. Para que les sirvan como evasión esperan que reflejen un «mundo mejor». Estas dos aspiraciones no son tan contradictorias como inicialmente puede parecer. Parten de una raíz común, que es la inseguridad de las oyentes.
La necesidad de consejo. Las oyentes no buscarían consejo en los seriales si no lo necesitaran y si el consejo que obtienen no respondiera de algún modo a sus requerimientos. Un gran número de oyentes habituales de seriales son amas de casa de familias con pocos ingresos que consideran su obligación gestionar su hogar con los recursos que sus maridos aportan. Muchas de ellas parecen extremadamente inseguras. Esto aparece expuesto de forma sorprendente en las respuestas a la pregunta sobre las tres cosas que más les gustaría poseer. Solamente en el 12% de los casos esas tres cosas incluyen amigos interesantes, viajes, deportes, etc. El resto de las mujeres encuestadas desean sobre todo un hogar seguro.
Obtener consejo, por otra parte, parece algo realmente inaccesible para las oyentes estudiadas. El marido aparece en las entrevistas como proveedor más que como consultor en asuntos familiares. Sólo una quinta parte de las encuestadas mencionó la costumbre de reunirse con amigos. Las razones para ello son variadas. Quedar con amigos «cuesta dinero», algo de lo que no disponen. Quedar con amigos es un «esfuerzo», mientras que escuchar seriales no lo es. Los amigos tienen los mismos problemas que las oyentes y, puesto que no logran resolverlos, es poco probable que puedan ayudar a las oyentes a solucionar los suyos.
«Muchas personas tienen problemas como los míos o como los que se describen en los seriales, pero no serían capaces de explicarlos.»
Por último, las oyentes no piden consejo a sus amigos porque les avergonzaría admitir que lo necesitan.
Con la radio es totalmente distinto. Las oyentes sienten que tienen derecho a esperar y aceptar ayuda porque son clientes de las empresas que patrocinan los programas. Entre las mujeres entrevistadas, el 61% reconoció usar alguno de los productos anunciados. En palabras de una de ellas:
«Todo el mundo me toma el pelo porque mi despensa está llena de productos de las marcas que se anuncian en la radio. Los programas me ayudan, así que yo tengo que corresponder comprando los productos.»
En cierto sentido, la radio parece haber ocupado el lugar que antaño correspondía a las vecinas. Como competidoras, las vecinas se han convertido en extrañas, mientras que la radio, en su desapego, es la cosa humanamente más cercana a las oyentes. Proporciona amigos que son «amables y maravillosos» y las oyentes tienden a olvidar que esa amabilidad está diseñada para hacer que compren. Están encantadas de que la relación sea unidireccional, lo cual encaja con su deseo de aislarse. Los personajes de la radio ofrecen consejos pero nunca los piden para sí, ofrecen ayuda sin que las oyentes tengan que revelar cuánto la necesitan.
Por último, pero no menos importante, los personajes y las profesiones que éstos desempeñan en los relatos pertenecen con frecuencia a una clase social superior a la de las oyentes. Las oyentes disfrutan de su compañía porque ésta eleva su propio nivel social. Esto es claramente perceptible en el siguiente comentario, hecho por una ama de casa de una familia con renta baja:
«Si invitas a amigos, tienes que adaptarte a su nivel. Y a veces son tan tontos. La gente de la radio es más interesante. Me encanta estar con ella.»
Para muchas oyentes, los amigos reales parecen haber adquirido una nueva función. Son personas con las que hablar sobre los programas. El estudio demuestra que el 41% de las oyentes comenta las historias con sus amistades.8 Estos debates tienen gran importancia desde el punto de vista psicológico puesto que permiten la transformación de los relatos en algo propio. Así, una de las encuestadas efectúa con regularidad una llamada interestatal, a Nueva Jersey, para contarle a su amiga «sus seriales». Es muy probable que la amiga escuche los mismos relatos. Sin embargo, la encuestada siente que habla de «sus» historias con ella. En un mundo que ofrece tan pocas oportunidades de disfrutar experiencias reales, es preciso apropiarse inmediatamente de cualquier suceso que tenga lugar. La frase «Intenta vivir hoy para que mañana puedas decir que ayer fue maravilloso», incluida en una de las sintonías radiofónicas, encarna ese mismo deseo de vivir para tener recuerdos.
Consejo «potencial». La gran mayoría de las oyentes afirmó de manera espontánea que aprendía cosas gracias a las historias. Sin embargo, cuando les preguntamos si alguno de los seriales les había enseñado qué hacer en una situación concreta o cómo llevarse bien con la gente, sólo un tercio de las encuestadas respondió que sí. La razón para esta caída reside en que las oyentes prefieren el consejo «potencial» antes que su aplicación concreta.
Las oyentes disfrutan recibiendo consejos que les ayudan a conservar la ilusión. Entrevistamos por casualidad a una mujer el día en que la heroína de su serial favorito había conseguido mucho dinero. La oyente estaba preocupada por cómo lograría la protagonista que sus hijos no lo derrocharan. No dudaba de que ella misma no dispondría nunca de la oportunidad de obtener tanto dinero y al mismo tiempo sentía que había aprendido algo con el programa. Dijo:
«Es bueno saber lo que significa ganar tanto dinero y estar preparada por si alguna vez ocurre.»
Aunque esta oyente era consciente de que la necesidad de consejo no surgiría nunca, disfrutaba jugando con la idea de llegar a tenerla en el futuro. En este caso, el consejo funciona como sustituto de su aplicabilidad.
De forma similar, una serie de oyentes declaró divertirse viendo cómo otra gente resuelve sus conflictos porque esto le hace sentir que, «si la gente de la radio puede superar sus problemas, yo también puedo hacerlo». Cuando establecen ese paralelismo suelen obviar el hecho de que la situación descrita en el serial puede no ser tan complicada como la suya y que la heroína de la historia puede tener más recursos disponibles que los que tienen ellas.
En el mismo sentido, todas las oyentes están a favor de tener una «filosofía maravillosa» siempre que no se espere realmente que ellas mismas la pongan en práctica. Así, cuando se les preguntó por qué les gustaban los programas, sus respuestas fueron a menudo parecidas a éstas:
«Me gusta David Harum. Vive en el campo y es un filósofo. Soluciona los problemas de todos los que se acercan a él. Defiende a los que no tienen nada de quienes tienen mucho. Todavía queda gente buena en el mundo.»
«Me gusta The guiding light (La luz que nos guía). El pastor cuida de todos los que le necesitan. Por las noches deja una luz encendida para que le encuentre la gente que tiene dificultades.»
Escuchar las historias de estos personajes amables llena de esperanza a las encuestadas, que anhelan una «luz encendida» que las guíe también a ellas. Que están más interesadas en los beneficios de la amabilidad que en practicarla ellas mismas es algo que se percibe claramente en sus respuestas a la pregunta sobre si, en algún punto de su relato favorito, hubieran actuado de forma distinta a como lo hacen los personajes. Se pueden distinguir dos grupos: las que hablan sobre «lo que hubieran hecho ellas» y las que señalan «lo que los actores deberían haber hecho». El primer grupo no aprueba tanto sacrificio, como bien demuestran estas palabras:
«Yo no hubiera perdonado a mi marido tantas veces. Una tiene derecho a ser feliz.»
El segundo grupo no aprueba tan poco sacrificio y manifiesta, por ejemplo:
«Se dedicó a la actuación después de su segundo matrimonio. A los hijos no les gustaba su nuevo marido. No debería haberse hecho actriz. Fue culpa suya que los niños no estuvieran a gusto con él; debería haberse quedado en casa.»
El deseo de aprender de las oyentes es tan fuerte como el de alcanzar una solución fácil, tal como puede comprobarse en los comentarios realizados en respuesta a la pregunta sobre si hay algún conflicto que les gustaría que los seriales abordaran. Alrededor de un tercio de las oyentes respondió de forma afirmativa. Aquí pueden leerse algunas de sus contestaciones:
«Cuando un hombre cambia de actitud de repente después de muchos años de matrimonio y comienza a jugar y a ser infiel. ¿Cuál es la explicación?»
«Me gustaría saber qué cantidad debe entregar una hija a su madre del dinero que gana. Yo le entrego a mi madre todo lo que gano. ¿Tengo que hacerlo?»
«Si debería casarme teniendo en cuenta que tendré que convivir con mi suegra.»
«Una historia que enseñe a la gente a no posponer las cosas.»
«Sobre diferencias religiosas y raciales. Sobre matrimonios mixtos.»
Las respuestas indican que las oyentes tienen mucha fe en la radio. Quieren que los seriales les ayuden a resolver sus problemas más íntimos y concretos. Cuando los relatos omiten asuntos controvertidos, probablemente dejan insatisfechas precisamente a quienes más necesitan encontrar recursos para adaptarse a sus vidas. Los comentarios también indican que las oyentes confían en hallar soluciones reconfortantes. Les gustaría que les dijeran, por ejemplo, que no hace falta que una entregue todo su sueldo a la familia. Les gustaría que un serial enseñara a «otras personas» a no posponer las cosas.
«Me explican cosas». Escuchar no sólo pone a disposición de las encuestadas fórmulas de comportamiento para situaciones diversas, también las provee de explicaciones que les permiten valorar mejor los acontecimientos. Cuando siguen un relato y escuchan a los personajes hablar sobre lo que les está pasando y cómo se sienten por ello, las oyentes tienen la sensación de «ver cosas».
«Me gusta Papa David en Life can be beautiful (La vida puede ser bella). Es un buen psicólogo.»
«No sé mucho de la vida y a veces me asustan las cosas que le ocurren a la gente. Me hace bien escuchar esos relatos. Te explican cosas.»
«Mis favoritas son las historias sobre familias. Si me caso, quiero tener una idea de cómo debe comportarse una esposa con su marido. Algunas de esas historias muestran cómo la esposa se mete en los asuntos de todo el mundo y el marido se enfada y empiezan a reñir. Los seriales te hacen ver cosas.»
Escuchando historias, las oyentes que tienen dificultades para expresarse aprenden que los sentimientos pueden manifestarse. Se dan cuenta de que las cosas tienen un significado que va más allá de su mera apariencia. Toman conciencia de que existen relaciones causales entre los hechos. Existe, sin embargo, el riesgo de que esa «comprensión» vaya de la mano con la esperanza de encontrar una explicación sencilla y aplicable a cada situación y cada hecho. La oyente citada en último lugar, por ejemplo, no tiene inconveniente en describir un «buen matrimonio» como aquél en el que la mujer «no se mete en los asuntos de todo el mundo».
De este modo, la pregunta sobre lo que las oyentes hacen con el conocimiento adquirido a través de los seriales adquiere una especial relevancia.
La aplicación de las historias
Como se ha mencionado antes, un tercio de las oyentes declaran que las historias les han enseñado «qué hacer en una situación concreta o cómo tratar con otras personas». A continuación reproducimos algunos comentarios que muestran cómo el «consejo» obtenido fue realmente puesto en práctica por las oyentes.
«Escuchar Aunt Jennie’s stories hoy ha sido muy importante para mí. El tipo tuvo una discusión con su tío y le echó la culpa a la chica. Eso estuvo mal. Fue justo como con mi novio. La otra noche fui a una boda en el vecindario donde coincidí con un montón de amigas. Algunos de los chicos se lo contaron a mi novio. Está enfadado conmigo desde entonces. Los seriales me informan de cómo actúan otras chicas y, al escuchar hoy cómo esa chica se defendía, he aprendido a decirle a mi novio dónde tiene la puerta. A veces la vida es tan confusa.»
«Bess Johnson te enseña cómo tratar a los niños. Ella trata a niños de todas las edades. La mayoría de las madres dan bofetadas a sus hijos. Ella les priva de algo. Eso es mejor. Yo uso su estrategia con mis propios hijos.»
«Cuando mi demanda judicial estaba en marcha, me ayudó escuchar al Dr. Brent y ver lo tranquilo que estaba.»
«Cuando mi hijo llegó tarde a casa una noche después de ir al cine y yo estaba muy preocupada, me ayudó recordar cómo los personajes del serial también se habían preocupado y su chico llegó a casa sano y salvo.»
«Cuando la mujer de Clifford murió de parto, Paul le dio un consejo que luego yo utilicé con mi sobrino cuando falleció su esposa.»
Las áreas de influencia de los relatos son bastante diversas. Las encuestadas sienten que les ayuda que les cuenten cómo llevarse bien con otras personas, cómo gestionar sus relaciones con sus novios o cómo criar a sus hijos. Sienten que han aprendido a expresarse en una situación en particular, a consolarse si están preocupadas.
En muchos casos, éstos parecen objetivos potenciales más que cumplidos. Obviamente, los relatos pueden aliviar la preocupación de una madre haciéndola creer que todo va a salir bien y su hijo regresará a casa sano y salvo; también pueden inspirar calma a oyentes alteradas.
Pero es dudoso que la relación de la joven con su novio haya alcanzado una base más sólida y que esa «vida confusa» se haya aclarado después de que ella aprendiera «a decirle a su novio dónde tiene la puerta». La mujer que ha entendido cómo privar a los niños de algo en vez de darles una bofetada parece hacer lo primero en lugar de lo segundo sin comprender la base pedagógica que justifica esa decisión. Cabe preguntarse cómo recibió el sobrino que había perdido a su esposa el discurso que su tía tomó prestado de su relato radiofónico favorito.
Sin un cuidadoso análisis de contenidos y un estudio más elaborado acerca de los efectos que escuchar seriales tiene sobre la configuración psicológica de las oyentes, resulta imposible ofrecer una interpretación concluyente de los comentarios citados más arriba. No es posible decidir a partir de ese material si los seriales tienen el poder de estimular o aumentar la capacidad de las oyentes para expresarse desde el punto de vista psicológico, y simplemente han sido mal entendidos o mal aplicados en algunos casos, o si las propias historias promueven un acercamiento superficial más que un auténtico abordaje psicológico.
El análisis de las gratificaciones, que es el tema central de este estudio, muestra cómo los relatos radiofónicos se han convertido en parte integral de la vida de muchas oyentes. No sólo tienen éxito como medio para alcanzar una liberación emocional, aunque sea temporal, o para escapar de una realidad no deseada. Para muchas oyentes parecen representar un modelo de realidad a través del cual aprenden cómo pensar y actuar. En ese sentido, deberían ser escritos teniendo en cuenta, además de su potencial para entretener, su gran responsabilidad social.
Nombre de la entrevistadora:
Número de la entrevista:
Seriales radiofónicos diurnos para mujeres
I. Hábitos de escucha generales
1. ¿Qué seriales diurnos escucha con regularidad? ¿Desde cuándo? ¿Cómo empezó a escuchar cada uno de ellos?
2. ¿Cómo compagina la escucha con su rutina diaria?
a. En términos generales, cuál de las siguientes afirmaciones es verdad para usted:
b. (Entrevistadora: Averigüe en qué cadena y a qué hora escucha la oyente cada uno de los programas citados en la respuesta a la pregunta 1; después, rellene.)
Si se producen cambios de cadena: ¿Sabe la oyente qué programas se emiten a continuación? ¿Cuál es su opinión sobre ellos?
3. ¿Escucha otros seriales diurnos de forma ocasional?
Sí No
4. Si pudiera escuchar solamente un serial o un número limitado de los programas mencionados en su respuesta a la pregunta 1, ¿cuál sería su primera elección? ¿Y la segunda? ¿La tercera? ¿La cuarta? ¿La quinta?
1. 2. 3.
4. 5.
5. ¿Cuál es el argumento de los tres programas que más le gustan? (Entrevistadora: Consiga que la oyente describa sus tres programas favoritos especificando que usted no los conoce).
1.
2.
3.
6. ¿Ha escuchado antes con regularidad algún serial que ahora ya no escuche?
Sí No
Si la respuesta es afirmativa: ¿De qué programas se trata? ¿Por qué dejo de escucharlos? (Entrevistadora: Distinga entre razones objetivas, por ejemplo, que el programa ha dejado de emitirse, y subjetivas, por ejemplo, a la oyente ha dejado de gustarle o le aburre el programa. Si se trata de lo último, averiguar por qué.)
—Programas que ya no escucha.
—Motivos.
7. (Formular esta pregunta sólo si la pregunta 6 fue respondida con un «No» o con «Sí, pero los programas dejaron de emitirse»).
Sí No
Si la respuesta es afirmativa: ¿De qué programas se trata y por qué no le interesa escucharlos?
8. ¿Recuerda cuándo comenzó a escuchar seriales diurnos? ¿Qué es lo que le impulsó a hacerlo inicialmente?
II. ¿Por qué escucha seriales? Interés general
1. Cada persona escucha seriales por motivos distintos. ¿Cuáles de los siguientes puntos diría usted que son importantes para usted? (Entrevistadora: Utilice el espacio libre a la derecha para los comentarios de las oyentes entrevistadas.)
a. Para tener compañía cuando está sola.
b. Para escuchar los problemas de otras personas en lugar de los propios durante un rato.
c. Para mantenerse informada sobre cómo les va a sus amigos de la radio.
d. Porque puede contar con que ocurrirá algo nuevo cada día.
e. Porque los personajes de los seriales son gente agradable con una filosofía que usted comparte.
f. Porque le gusta ver cómo se las arreglan otras personas con problemas similares a los suyos.
g. Porque le gusta escuchar historias de amor o sobre la vida en familia u otras cosas que le han sucedido o le podrían suceder a usted.
h. Porque es una buena manera de averiguar cuáles son las preocupaciones de otras personas.
i. Porque no tiene otra cosa que hacer a esa hora del día.
j. Porque está usted en casa buena parte del día y le gusta mantener la mente ocupada.
2. ¿Qué le gusta más?
4. ¿Qué le gusta más?
5. ¿Qué preferiría?
III. ¿Por qué escucha seriales? Interés por seriales o episodios concretos
A. Programa Favorito
Formular las siguientes preguntas a propósito del programa favorito. Sólo cuando la pregunta no pueda ser respondida con respecto a dicho programa, se planteará la pregunta con relación a otro serial. Asegúrese de mencionar siempre el nombre del serial al que se refiere la respuesta.
1. ¿Puede describir algún hecho narrado en su serial favorito que disfrutara especialmente?
Sí No Detalles:
2. ¿Puede describir algún hecho que no le interesara en absoluto?
3. ¿Se ha aburrido en algún punto del relato?
Sí No
Si la respuesta es afirmativa: ¿Cuándo?
4. ¿Le resulta difícil visualizar a los actores?
Sí No
¿Cómo se los imagina?
a. ¿Le recuerda alguno de ellos a alguien que usted conozca?
Sí No
Si la respuesta es positiva: Conseguir detalles.
b. Si la respuesta es negativa: ¿Le recuerda alguno de los actores de algún otro serial a alguien que usted conozca?
Sí No
Si la respuesta a la pregunta 4b es positiva: Conseguir detalles.
5. Si se produjera algún cambio en su programa favorito, ¿qué le importaría menos?
6. ¿Cómo piensa que va a continuar su relato favorito (la semana próxima, más allá)?
7. ¿Qué producto se anuncia en su serial favorito?
—¿Lo utiliza?
—En absoluto.
a. ¿Utiliza los productos de otros seriales que escuche?
Todos Algunos Ninguno
B. Cualquier Serial
8. En éste o cualquier otro programa, ¿se ha presentado alguna situación en la que usted hubiera actuado de manera distinta a como lo hicieron los personajes del relato?
Sí No Explíquelo:
9. ¿Puede mencionar un serial o un episodio concreto de un serial que haya significado mucho para usted en el sentido de enseñarle qué se debe hacer en una situación en particular o cómo llevarse bien con la gente?
Sí No Detalles:
10. ¿Alguna vez se ha abordado un conflicto o una situación en alguno de los seriales que escucha que le haya sucedido realmente a alguien que usted conozca o a usted misma?
Sí No Detalles:
11. ¿Recuerda haberse emocionado con algún relato?
Sí No
Si la respuesta es afirmativa: ¿Cuándo o con qué relato?
IV. Valoración General
1. En general, ¿cuál de las siguientes afirmaciones es más cierta?
2. En general, ¿cuál de las siguientes afirmaciones es más cierta?
3. ¿Cómo le gusta que terminen los episodios?:
4. ¿Qué prefiere usted?
5. ¿Hay algún conflicto o situación en concreto que le gustaría que se abordara en un serial? ¿Cuál?
6. ¿Tiene una opinión clara sobre cuántos meses o años debería durar un serial?
7. ¿Le gustaría que alguna cadena ofreciera un serial de media hora cada día?
Sí No Explicar:
8. ¿Comenta estas historias con sus
V. Datos de la entrevistada
Dirección Edad Nivel educativo
Soltera Casada
Si está casada: Número y edad de los hijos.
Ocupación (propia o del marido, si ella es ama de casa)
Teléfono: Sí No
Coche: Sí No
Descripción del tipo de vivienda donde reside.
Último libro leído.
Cuándo lo terminó.
Revistas leídas.
¿Lee relatos por entregas en ellas?
Sí No
Periódicos leídos con regularidad.
Participa en reuniones de algún club u organización.
Le visitan los amigos:
Durante el día:
Mucho A veces Raramente
Por las tardes/noches:
Mucho A veces Raramente
¿Tiene alguna afición o interés en particular?
¿Qué programas de radio le gustan más?
Cite tres películas que le gusten mucho.
Cite las tres cosas que más desearía tener.
Si ahora no está trabajando:
¿Trabajó alguna vez antes?
Sí No
Si la respuesta es afirmativa:
¿Le gustaría volver a hacerlo?
¿Por qué?
Datos adicionales: